jueves, 3 de diciembre de 2009

Nosotros.

No podemos decir que no seamos increíbles, ingeniosos e inteligentes, nosotros, que surcamos los oceanos y los cielos, que hablamos a distancia, que tostamos el pan, que construimos cosas tan maravillosas. No podemos decir que no seamos bellos, admirables y fantasiosos, nosotros, que creamos cosas donde antes no había nada, que escribimos sentimientos en la roca, en el papel y en el aire, que superamos los obstáculos aunque sintamos dolor, que no nos rendimos. No podemos decir que no seamos buenos, simpáticos y comprensivos, nosotros, que creamos sociedades, que sentimos por los demás, que lloramos por los demás, que ayudamos a los demás sin pedir nada a cambio. No podemos decir que no somos hermosos.



Tampoco podemos decir que no seamos desconfiados e irespetuosos, nosotros, que necesitamos un gobierno, que creamos cárceles, que hemos torturado, que nos hemos reído de los demás. No podemos decir que no somos ignorantes ni orgullosos, nosotros, que nos equivocamos miles de veces, que no admitimos nuestros errores, que llevamos con nosotros nuestros fallos. No podemos decir que no seamos crueles y egoistas, nosotros, que matamos por falsas creencias, que nos hacemos daño por dinero, que hacemos guerras y asesinamos a inocentes. No podemos decir que no somos horribles.



No podemos decir que no somos vida.

Mi gran secreto.

Hace una semana, conducía el coche de mi madre por la carretera que va desde Rojales a Guardamar. A la izquierda podía ver el huerto de mi abuelo, con su casita blanca de los domingos y los dos enormes pinos, uno a cada lado. Conducía a una velocidad desorbitada, todo lo que el coche de mi madre podía ofrecerme. Justo delante tenía el puente que cruza el Río Segura. Así pues, decidí que había llegado el momento de recibir una importante dosis de adrenalina. Para estos momentos, lo mejor es no llevar puesto el cinturón de seguridad. Nunca se sabe, así que yo nunca uso el cinturón. No venían más coches de frente. Una vez hube alcanzado el punto más alto del puente, di un volantazo, que podría haber sido algo más que brusco, y enfilé en coche directo a las barreras de protección del lado izquierdo de la carretera (según la dirección yo que llevaba). El coche derrapó y estuvo a punto de girar en campana, pero alcanzó su meta: La barrera, con la que se estampó brutalmente. Noté cómo las ruedas traseras se elevaban hasta el cielo, cómo yo me elevaba y me golpeaba contra el parabrisas, que no se rompió. El capó casi se disolvió, y la barrera dejó de ser tal. Pocas fracciones de segundo después, yo y el coche caíamos precipitadamente a las rocas del río. Antes de llegar abajo -aquello no era una montaña rusa, aquello era mil veces mejor- usé el control zeta.

Entrando en la rotonda donde puedo elegir entre ir a Torrevieja, a Guardamar, o volver a Rojales, se me ocurrió una idea genial. Cogí la salida que va hasta Torrevieja. En una de esas rotondas que hay de camino, habían dos prostitutas sentadas en una silla. Aparqué, y contraté a la que más me gustó. Se montó en el coche, y allí mismo hizo su trabajo, hasta que me quedé satisfecho. Cuando me dijo el precio, usé el control zeta.

Saliendo de la rotonda que me llevaba a Torrevieja, debajo del puente de la nacional, habían dos coches con guardia civiles. Dos de los agentes estaban parados al lado de la carretera. Uno de ellos llevaba una de esas tiras metálicas que sirven para arrojarlas a la carretera y cuando un coche pasa por encima, destroza los neumáticos. El otro llevaba una automática. Aceleré y conseguí llevarme por delante al que llevaba la tira metálica. Cuando empecé a escuchar tiros detrás de mi, usé el control zeta.

Por fin, llegué a la rutina de mi hogar.
Mi madre se asomó por la ventana para comprobar que el coche estaba entero. Me miró, orgullosa, de que su hijo tenga una vida recta y normal, dentro de unos márgenes, y que de que fuera feliz.

Si pudiera extraer a la realidad los poderes de la informática...

...Control Zeta.

martes, 10 de noviembre de 2009

Simpatía por el FUERTE

Ya no hay lugar para las lágrimas tristes. Ya no sirven las excusas de quien pasa por un mar turbio de niebla oscura que nunca llegó a su destino alegando que la niebla era demasiado densa. Ya no hay momentos para atraer al pasado a que alimente las hogueras de nuestras pasiones aun calientes, pues ellas deben ser apaciguadas con el frío y la dureza de una fuerza que se oculta en todos nosotros, sin excepción. Ya no hay escondites para los débiles, donde tratan de meter la cabeza en un mundo paralelo que huye de su propia verdad. Ya no hay lugar para ocultar los miedos ni las debilidades, que estas, siempre consiguen aflorar para aparecer delante de un público ansioso de sangre y miseria. Débil, tus miedos son sangre y miseria.

No hay sitio aquí para los niños ricos que nacieron con la vida hecha, no hay sitio aquí para los superhéroes. Fuerte no es quien llega al final donde poder descansar. Fuerte es el que siempre seguirá en pie.

Deseo la muerte para Farson, si es lo que quiere. Deseo el dolor para los quejicas, si es lo que necesitan para no seguir luchando. Deseo el desamor para los desenamorados, si no tienen valor para seguir adelante. Deseo fracasos para los fracasados, si ya perdieron la esperanza de lograrlo.

Deseo sangre y miseria para todos aquellos perdidos en la niebla, porque ellos no se merecen compasión. Los débiles no merecen compasión. Se merecen la miseria donde ellos se regocijan, donde ellos se esconden, donde ellos se mienten, donde ellos lo destruyen todo y crean excusas.

No hay sitio aquí para los lloricas.

Simpatía por el cojo que corrió un maratón. Simpatía por la minusválida que fue madre. Simpatía por el retrasado que estudió. Simpatía por el pequeño que creció en espíritu. Simpatía por el calvo que se abrillanta el cráneo para demostrar a todos que está orgulloso. Simpatía para el desenamorado que olvidó, sin dudar ni un instante en que lo conseguiría. Simpatía por los guerreros.

SIMPATÍA POR EL FUERTE.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Aun no lo tengo claro...

Son los clics de la incomprensión que van tras la búsqueda de algo, desconocido. Es una especie de soledad con la que tienes que empujar a alguien a que tenga buena voluntad. No sé hasta qué punto esta tarea merece de más o menos o ningún esfuerzo. A veces, lo mejor (a veces? pero es que tienes tanta información como para decir a veces?) es montarse en la barca que lleva río a abajo y te lleva hasta una cascada. La esperanza está en que aparezca un nazgul a rescatarte a media caída. Que si no aparece el castañazo te lo llevas, pero antes (en menos tiempo) llegas abajo (que si no te montas en la barca, kpichi?). Oye, dolerá un poco, pero cuando antes te duela, antes se empieza a curar.

Y de la experiencia ni hablo, que parece la excusa de los perdidos.

Pero sí es verdad, por el ocho, que si mata pica al agarrar también pica después, que no por haberte picado una vez va a dejar de picar, que es de cabeza! De cabezones! Ah, pero no es la misma mata... ya, pero sí es la misma especie... ni que todas las redondas de los ríos tuvieran la misma forma! Sí, redondas! ¿Y caben todas en el mismo molde? Pues no, así que no te molestes en intentarlo.

Así que el siguiente paso no es ni más ni menos que otra pregunta. ¿Cuándo tengo que empezar a comerme las lembas para no morirme de hambre? Pues cuando la sientes (el hambre), capullo. La pregunta era que cuánto tiempo tienes que permanecer en la barca antes de caer por la cascada. Y la respuesta, depende de qué raza seas. Si eres enano, pronto, los enanos no ven mucho. Si eres humano, un poco más, que dices tú, si ves al nazgul al fondo está claro que te vas a dejar caer. Y si eres un elfo, pues ya de mucho antes sabes qué tipo de ilusiones te puedes hacer. Be elfo my friend. Pero también es verdad que un elfo delante de la cascada es tanto un elfo como humano, o enano. Recuerda! el nazgul puede estar bajo la cascada esperando y tú no lo habías visto desde arriba. Porque así, es que no lo ves, ni aunque seas elfo. Que no todo depende de ti, también del nazgul!!
Así pues, siempre puedes apearte y hacer una tranquila/cómoda/conformista y horizontal hoguera, donde quemas la porquería hasta que el humo empieza a oler mal...
Si no fuera porque ya me conozco...
Está claro, justo cuando vea el fondo, si no hay nazgul, salto. Ya lo aprendí en la nieve. Si te tiras tú, duele menos XD
Y luego está (si recordamos, montar en la barca no era la única solución) el no montar en la barca, e ir a pie. Cargar mi equipaje a la espalda, y hacer lo que he hecho siempre. Ir paso a paso y con calma, disfrutando del aire y de la lluvia. Así también se aprenden importantes lecciones... Así tienes más tiempo para elegir el camino, algo imposible si te dejas llevar por la corriente de un río. Sin caídas al vacío. Digamos que voy a dejar de elegir a la gente tan materialmente, tan ... al momento, y a primera vista. Pero, así es como ha sido siempre, y a veces ha funcionado. Aunque tú sabes muy bien qué es lo que quieres.
También está la tercera opción, la de arrojarse a la cascada directamente, sin pasar por la tierra, ni por la barca. Chapotea salmón que como mucho llegarás al mismo lugar de donde vienes.
Aun después de ver estas opciones, no lo tengo claro.
Aunque me merezco un premio. He conseguido mezclar unas cuantas metáforas relacionadas con un tema que pocos podrían entender, y no me he perdido. Aunque más premio se merece aquel no lector (que es lo que yo tengo, por suerte a veces... por suerte en este caso) que hubiera podido sacar chicha de algo así.
Y todo por una nota musical. ... ... no. no todo.
Porque el problema viene mucho más de fondo, mucho más de dentro de un cerebro perturbado por el pasado que aun busca un callejón por donde aflorar. Es la bolsa de viaje lo que más me pesa. Son unos zapatos ya un poco desgastados, aunque con una curiosa capacidad para regenerarse siempre, que no deja, y espero que nunca lo haga, de sorprenderme. Tengo tal cantidad de litio en mi cerebro que a veces me apetece compartirlo XD. Lo malo es que también tengo una capacidad asombrosa para quemarlo. No yo, si no más bien las cirscunstancias. Casi siempre son las cirscunstancias. Y casi siempre son temas relacionados. Ya sabéis todos, el rio, el nazgul, está claro como el agua de dicho río. Que sí, que está embarrada, pero sigue siendo agua. Y el agua, aunque tenga barro, sigue siendo transparante (porque la cuelas, muajaja). Creo que si algún no leyente ha llegado hasta aquí habrá dejado de leer por culpa de esa piedra. Joder, me ha dolido hasta mi.
Oh, todo esto y sin decir las palabras clave. Si es que las digo, te lo lees todo, y lo entiendes. Dos palabras! no es maravilloso! sí, el mundo es maravilloso! sí, tengo un subidón de litio!, sí, estoy hablando de trabajos manuales! no, nadie ha leído eso último! sí, hablo de notas musicales!
No... aun no lo tengo claro!!!

domingo, 25 de octubre de 2009

Cucarachaaaa!!

Me desabroché las cordoneras de mis zapatillas. Tironeé las solapas hacia los lados.

Metí un dedo, el gordo, en el hueco que queda entre el talón y la zapatilla. Luego empujo hacia abajo y la zapatilla sale, con sus más y sus menos rozaduras.

Así es como me quito las zapatillas cuando llego a mi casa.

Deposito el asunto sobre la leja, y observo cómo debajo de la suela aparece un líquido medio verde y el otro medio de marrón. Levanto la zapatilla para ver qué había debajo. Aun seguía viva en mi suela la cucaracha que aplasté hace tiempo. Después de mis piruetas y mis borracheras, de esas que empiezas a saltar por algún gracioso motivo, si miramos lo gracioso como un asunto subjetivo después de una subjetiva cantidad del ron, y paras de saltar de alegría hasta que olvidas el nunca recordado ya dicho motivo, pues al día siguiente te acuerdas del primer cubata, y el último, ese que arrojaste al váter a través de tu dentadura. Aun así, aun seguía pataleando y antenando como una guerrera. Aguantando sus entrañas dentro de su cáscara como quien se aguanta sus tripas en un vientre rasgado de arriba a abajo y de izquierda a derecha, e insiste en sobrevivir a pesar de que lo que ahora tiene en la mano no es más ni menos que su propio corazón bombardeando lo que seguramente serán sus últimos latidos.

Aun así.

Pegada con su propia mierda a mi suela.

Uff!, cómo le huele ya.

¡¡¡Y yo me extrañaba de que mis pasos sonaran a blanco y negro!!!


jueves, 2 de julio de 2009

CartA de SuicidiO

Me llamo Farson, y voy a suicidarme. Esta es, por tanto, mi carta de suicidio, mi último mensaje al mundo. Cuando termine de escribir, tomaré un bote entero de demerol, junto con lo que será mi último vaso de agua. Me acostaré en la cama y escucharé en mi reproductor de música el nocturno número dicinueve de Chopin. Poco después de que suene el último do, habré muerto.



Trabajaba en una empresa que fabrica juguetes. Era administrativo, me encargaba de la correspondencia, las llamadas, los recibos, los recados y otras muchas cosas. Tenía una oficina donde atendía al público, donde estaba mi teléfono, mi ordenador y mi naranjo-bonsái. Aunque eso era hace meses. Con el tiempo, ya no era tan útil para la empresa, y empezaron a rebajarme responsabilidades. Me quitaron el teléfono, y ya no atendía llamadas. Me cambiaron de oficina a otra más oscura donde ya no atendía a los clientes. Me quitaron el ordenador y ya no podía llevar la contabilidad. A mi nuevo despacho, me llevé la grapadora y el naranjo-bonsái. Empecé a servir cafés. He estado dos meses poniendo grapas y sirviendo cafés. La realidad es aplastante. Soy un verdadero inútil, un verdadero estorbo para la empresa para la que he trabajado durante años. Sé muy bien que sigo ahí porque no quieren pagarme el finiquito. Más barato les sale dejarme estar como un trasto más.



Vivo en un piso de alquiler, que comparto con otra persona. Se llama Fede, y le llamo amigo, y lo es. Vivo con él, con su gata, y con sus temporales novias con las que está. A mi parecer, se trae a chicas para tirárselas en su cuarto con demasiada frecuencia. Lo que para él es una noche de diversión, para mi son caderas que golpean una pared que coincide con la mía, son gritos y otros ruidos, son celos y envidias que no me dejan dormir. Fede es buena persona, pero con muy poco tacto para conmigo. Me cae bien su novia actual. Le gusta la misma música que a mi, hablamos a veces. Siento mucho esto por ellos. Van a ser los primeros que me encuentren.



Fede me presentó a una amiga suya, Amie, mientras nos tomábamos algo en un bar. Cuando hace esas cosas aumenta mi sensación de ser un completo idiota, un completo inútil. Aunque yo le sigo el juego y pongo esa pizca de esperanza en la chica. Pienso que si alguien puede conocerme, puedo llegar a gustar. Aunque mi autoestima no es, precisamente, brillante. Aquel fue un momento verdaderamente incómodo para mi, y más incómodo fue cuando Fede se alejó dejándonos a mi y a Amie solos. Yo no soy nada interesante ¿De qué iba yo a hablar a esta chica? Pues bien, poco hablamos, como es habitual. Aunque ya entrando al final de la "conversación", es decir, cuando los dos decidimos que ya estaba bien, me dijo que le gustaba pintar retratos... y que quería pintarme a mi. No sé, tal vez sí quería conocerme. Hace poco le compré una pulsera de hilos, pensaba dársela la semana que viene, que es cuando habíamos quedado para que me retratara. Va! yo no tengo valor para esas cosas.

Hace unos días, volví a casa enfadado del trabajo. Insinué a mi superior que yo podía llevar las cuentas del muevo juguete que iban a fabricar. Me dijo muy secamente y sin mirarme a penas que le trajera otro café y que me fuera a regar mi naranjo-bonsai. No es que no lo hubiera hecho otras veces, pero ese día yo estaba especialmente sensible. Volví a casa, y allí estaba Fede y su gata en pleno celo. Él enseguida supo que me pasaba algo y me ofreció una cerveza. La rechacé con un "NO" odioso. Odioso por cómo sonó y por como me sentí. Me senté en el sofá y encendí la televisión. Puse cualquier canal sin interés. La gata se acercó a mi y me lamió la mano. Quería mimos y caricias. Me aparté. Ella volvió a insistir. Tardó muy poco en consumir mi paciencia. Le grité gata idiota, y le di tal golpe con el brazo que salió volando por encima del respaldo y golpeó una lámpara que calló y se rompió. La gata maulló asustada y fue a refugiarse tras su amo. Nada me duele más que liberar mi furia con quien no se lo merece. Eso me hizo más que agravar mis sentimientos negativos. Me hizo sentir más miserable que nunca. No hice la más mínima señal de arrepentimiento. Ese día Fede discutió conmigo. No le hice caso y me fui de casa como vine. Ese día, mientras estaba sentado en un banco del parque en soledad, decidí escribir esta carta.

Quisiera decirle cuánto lo siento. No se merece que yo le haga esto... Pero soy tan cobarde. Y Amie... Hay tantas cosas que...

"Farson se dio cuenta de que aun habían unas pocas cosas que podría hacer. No podía abandonar todo eso sin más. Con la perspectiva de la muerte, Farson de olvidó del miedo y de la vergüenza. Consiguió disculparse ante Fede, y quedar después con Amie, la que le recomendó que abandonara de una vez su trabajo y se buscara otro. Estuvo demasiado ocupado haciendo todo eso para recordar que tenía una carta de suicidio a medias, mientras su vida se tornaba de un color azul precioso que ya había sentido antes. Continuó.

...meses después, de nuevo la vida no le ofrecía lo que sus deseos querían. Nada tan simple como una montaña rusa"

Me llamo Farson, y voy a suicidarme. Esta es, por tanto, mi carta de suicidio, mi último mensaje al mundo. Cuando termine de escribir, tomaré un bote entero de demerol, junto con lo que será mi último vaso de agua. Me acostaré en la cama y escucharé en mi reproductor de música el nocturno número dicinueve de Chopin. Poco después de que suene el último do, habré muerto...

miércoles, 1 de julio de 2009

Taluego!

Hoy escribo para tí y en tu honor. Porque te lo mereces y porque te lo has ganado. He aquí esta página de mi libreta negra, que es tuya. Pero atiéndeme bien, porque aunque sólo sea una breve página, es tan buena como todas las demás. Sí, es una página de las buenas. Me gusta pensar que es como una sonrisa. No despreciamos ni una sola sonrisa porque las saboreamos como lo que son... UNICAS.

Has escuchado mi "sol, fa#, sol; si, do, si" de una forma especial. Porque no toco con las manos, toco con el corazón, y eso lo entendiste muy bien.
He escuchado la armonía que surgía en lo profundo de tu garganta y eso no lo olvidaré jamás.
Yo me hacía el duro y tú mirabas mi entrecejo.
Te escuchabas con tu escucha-latidos-oscultómetro (jeje) y sonaba tan fuerte -- Será porque tienes un corazón muy grande y hermoso. Será porque quiere hacerse oír.
Deja que suene!
Taluego!!!!!!

jueves, 25 de junio de 2009

ehhh...

Esto ya se aleja un poco de ser una simple afición. Las aficiones son buenas. Esto era bueno cuando era una afición. Ahora me tengo que pinchar la dosis para después seguir pinchándome otras dosis más, porque esto no tiene climax, ni final, ni satisfacción. Me puedo imaginar un buen golpe en la cabeza con una pequeña gran fractura y una perdida de neuronas extraordinaria, con una recuperación a medias. Se despierta en la cama de algún hospital donde le están curando a medias, se inclina con un cuidado especial, y cuando le preguntan su nombre se le ocurre decir: "ehhhh..." Con cara de estar pensando mucho y un hilillo de baba respalaaaannndoooo desde la comisura de los labios hasta la barbilla, hasta pasada la barbilla, hasta mojar su batín de hospital. Sus ojos achinados y mirando hasta el infinito o más allá, sí señor, sí, este tipo se lo está currando mucho, su esfuerzo es enorme y su voluntad es casi tan grande. Quiere decir su nombre pero, ehhhh... no se acuerda. Ni siguiera se acuerda de porqué tanto esfuerzo para tratar de recordar un nombre. Lo que importa ahora es que está cansado y que está inclinado. Qué posición tan incómoda. Se vuelve a acostar lentamente, y siente como se van relajando todos los músculos de se cuerpo. En el proceso de acostamiento expresa su agrado con una nueva exclamación usando la totalidad de su vocabulario: ehhhh....!! Otra vez acostado. Se siente como si se acabara de inyectar una de sus dosis. Como si se estuviera tomando ahora mismo otra de sus dosis. Es el recorrer del émbolo en el cuerpo de la jeringa, y es el llenado de sus venas de esa sustancia maravillosa, o no tan maravillosa, pero es la sustancia, y eso es lo que importa. Esa sustancia que lo hace tan... tan... ¿feliz? ... ehhh...

lunes, 15 de junio de 2009

Déjalos guiar sus pasos...

Me resulta sencillo imaginar a un niño con la frente y la nariz sangrantes. Los codos pelados y las rodillas medio destrozadas. Un niño es un niño, no un adulto, y aun no sabe cómo bajar unas simples escaleras. Su primer paso al abismo puede no coincidir con el siguiente escalón, el escalón que está justo abajo. Puede coincidir con el aire y nada más. Seguramente perdería el equilibrio, y las posibilidades de caer rodando las escaleras son al mismo tiempo estremecedoras e inevitables. Pondría la mano en el fuego a que se rompe la cabeza y media docena de costilla (ah, sí, no lo he dicho, la escalera es muy alta). Yo le cogería de la mano y le levantaría. Le diría "no te preocupes pequeño, que no pasa nada". El niño seguramente me miraría y pensaría que lo que le he dicho le sirve lo mismo que coger un bate y acabar con el resto de costillas que le quedan. "¿No ves que se me sale la materia gris entre las grietas de mi cráneo?" Me diría el inocente. "Haz el favor de llevarme a un hospital y que intenten curarme." Claro, el niño no lo diría con esas palabras. Se pondría a llorar (si es que, por algún tipo de milagro, siguiera vivo y consciente) y a gimotear por que le duele, ay, por que le duele mucho, ay, ay. Pero para el caso es lo mismo. "Venga, te llevo al hospital, de la manita".

Él no lo sabe, aun no. Pero acaba de aprender una lección importante en su vida. La lección es, que como intentó bajar antes las escaleras, no es una opción que le guste. Así no. De otra forma tal vez, pero así no. Tardará mucho en darse cuenta de eso. Le hará falta unos meses para curarse, y otros meses para serenarse y dejar de tener miedo. Entonces un día, durante su meditación antes de dormir, o al despertarse, o mientras ve una película o hace como que escucha a su madre decir que tiene que tender la ropa, tendrá una revelación y se dará cuenta. "Ah! Claro! Había que poner el pie en el escalón y mantener el equilibrio. Qué fácil que era, y que leñazo me di por no saber eso". Seguro de sí mismo iría a la misma escalera y la bajaría. Al principio lento y torpe, después (años después) con total seguridad... Pasaría el tiempo, un siglo o dos, y olvidaría que una vez se le partió la cabeza bajando una escalera. Bajar una escalera es algo tan obvio ahora.

El niño ha crecido un poco ahora, tiene unos cincuenta años, pero por supuesto, sigue siendo un niño. Ha decidido muchas cosas que antes no había ni siquiera imaginado. Decidió que lo más adecuado para no tener que alimentar a su perro era matarlo. Decidió que lo más adecuado para encontrar la verdad era no buscarla, que para ser feliz en pareja era no tenerla, que para bajar deprisa un edificio era poner un tobogán, que las niñas abortaran a las 2 horas de vida, que nadie pagara impuestos, que los críos no debían ir a clase en chandal ni con falda, si no con grilletes en los tobillos y en las muñecas. Decidió cosas una y otra vez, cosas que en ese momento le parecían una idea genial y que con ellas solucionaría todos y cada uno de los problemas.

Cuando llegó a los cincuenta y dos años se dió cuenta de que si mataba a su perro ya no lo tendría. Muy similar ocurrió con numerosas decisiones que había tomado a los cincuenta años. Todas y cada una de ellas era un error. Aprendió mucho a los 52 años. No sabía como solucionar ninguno de sus problemas, pero sí sabía algo. Que así no.

Como ya se ve, es un niño con una libertad completa y absoluta. Nadie le reclama nada, nadie le corrige sus pasos.

Cuando vi que quería matar a su perro a mi no me pareció buena idea. Pretendía explicarle que si lo mataba ya no lo tendría. Sí, podría habérselo dicho. Y él tal vez podría haberme escuchado y haberse apuntado en su libreta de apuntes "no matar al perro". Puf! Eso es demasiada teoría. La teoría y la filosofía es aburrida. Es mejor que lo sienta en la carne, que lo sienta en todo su corazón. Esas lecciones nunca se olvidan.

Este niño murió sin conseguir ser adulto a los noventa años. No tenía ni idea de cómo había que hacer las cosas. Pero eso sí, podría escribir tomos y tomos hablando de cómo no se hacían.

Tomos y tomos que su hijo tuvo que estudiarse. Su hijo, que vivió hasta los noventa y un años, cometió más del 98% de los errores que se supone que ya se había estudiado.

Cientas de generaciones después, los niños siguen siendo traviesos, los niños siguen muriendo por enfermedad, los niños siguen creyendo en las hadas... Suerte para aquellos pequeños que osan llamarse "los primeros de la clase". Que aunque siguen siendo traviesos, siguen muriendo por enfermedad y siguen creyendo en las hadas, ya saben al menos, qué es lo que quieren. Ser felices.

Todo a su tiempo, mis niños.