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jueves, 18 de marzo de 2010

Toma esta vida.


Toma esta vida.

Respira por primera vez y siente cómo quema el aire al respirar. Acostúmbrate a respirar el fuego porque será el motivo y la pugna de tu permanencia en este mundo. Mira y fracasa, mira y aprende, mira todo lo que tienes ante ti, el dolor y la alegría, pequeña, lo tienes todo.

Toma esta vida donde estamos todos.
Toma esta vida para imprimir sobre roca.
Toma esta vida y haz lo que quieras.

Levántate y cae, aporrea tus rodillas, levanta tu barbilla y déjala caer. Llora ahora por todos los complejos y fracasos que vas a tener a lo largo de tu vida, para que nunca más tengas que volver a llorar, para que nunca más tengas que volver a temer, a dudar. Pues no lo dudes, fracasarás y te harás daño, te harán daño. Pero todos estamos aquí para avisarte y decirte: Se dura.

Toma esta vida donde todos estamos.
Toma esta vida para imprimir sobre roca.
Toma esta vida y haz lo que quieras.
Aitana...

jueves, 14 de enero de 2010

La pesadilla de Baltasar.

"Tenemos que matarle hoy".


Baltasar era arquitecto y había ido esa mañana a la catedral para hacer un estudio, y había escuchado esa frase de una mujer que se encontraba en la puerta trasera, junto con tres de sus amigas. Al acercarse él a ellas y entrar por la puerta, ellas callaron de pronto, y le miraron serias. Baltasar hizo como que no había escuchado nada, simplemente saludó, y entró.


Ellas eran amigas de una antigua novia suya, que hacía tiempo que no veía ni sabía nada. Pero recuerda muy bien que su ruptura no fue fácil para ella. Él siempre se ha sentido en parte culpable de aquel dolor.


Mientras tomaba notas de un muro deteriorado dentro de la catedral, una especie de eco llegó a sus oídos. Una frase que tal vez escuchó con demasiada claridad:


"Tenemos que matar al arquitecto".


Sintió un miedo repentino inesperado. Sí, tal vez, ellas querían vengarse. Tal vez ellas querían vengar las lágrimas que su amiga una vez dejó caer por él.


Al mediodía, Baltasar volvió a casa. Ellas ya no estaban allí.


Ese día, abrió la puerta de su piso un poco más lento de lo normal, y miró dentro antes de abrir del todo. Cerró la puerta y se mantuvo quieto cinco segundos para escuchar el silencio que invadía su hogar. Se aseguró de que el silencio fuera el mismo de siempre.


Mientras hacía la comida y mientras la comía, apenas podía escuchar la televisión, pues su mente se empeñaba en percibir cualquier cosa que se escuchara por encima de los altavoces. Subió el volumen, pero su mente siguió buscando en el silencio del pasillo.


Su mente le seguía repitiendo que "Tenemos que matar al arquitecto".


Pronto su paranoia se convirtió en verdadero miedo, así que decidió que no iría a esa catedral hoy. Pero tal vez alguien podía llamar para preguntar por qué no había ido. Así que apagó el móvil, y desconectó el teléfono. Alguien podía mirar a su ventana y ver que estaba abierta, así que la cerró. Se metió en su habitación, él no estaba hoy para el mundo. Se hizo oscuro pronto, pero él apagó las luces -alguien podría verlas desde fuera, aun con las ventanas cerradas. ¿Y si de verdad ellas querían matarle? Entonces vendrían a por él. Sí, vendrían. Así que cogió la mesa del comedor y la estampó contra la puerta de entrada. Ahora no se podía abrir.


Baltasar estaba en su cama, tapado con las mantas hasta la cabeza, pasando calor, cuando alguien llamó a la puerta.


Llamaba con energía. Y pronto se alzó una voz:

"Sabemos que estás ahí Baltasar, sal con nosotras".


Se tapó aun más y se mantuvo en silencio. Haría como que no está, y punto, así pronto se irían.

Traquearon más fuerte.


"No te escondas, sólo venimos a por ti".


Seguían traqueando.

Pero pocos minutos después, dejaron de hacerlo. Así que la casa se envolvió en silencio de nuevo. Había silencio en la casa, y pesar en el corazón de Baltasar.


Luego escuchó algo. Al principio no estaba seguro, pero cada vez lo estaba más. Había alguien en el pasillo que se acercaba a su habitación. Había pasos. Había presión en su garganta, y deseaba que sólo fuera su imaginación. Pero su deseo se desvaneció cuando el pomo de la puerta de su habitación giró, y se abrió. Aparecieron cuatro sombras en la oscuridad. Él grito y encendió la luz, y allí estaban las cuatro mujeres que había visto esa mañana en la catedral. Siguió gritando y maldiciendo.


"¿Qué coño estáis haciendo aquí?"


Ellas no hablaban, sólo se acercaban a él, le cogían cada una de cada extremidad y él no podía hacer nada. Gritó con fuerza pidiendo ayuda, pero nadie parecía escucharle. Siguió gritando cuando le sacaron de casa (la mesa del comedor que había puesto en la puerta estaba misteriosamente en su sitio de siempre), y siguió gritando en la calle cuando le metieron en un coche, y nadie parecía escucharle. Le llevaron a la catedral de nuevo.


"Baltasar, no has hecho bien en no venir hoy, tienes que acabar tu trabajo".


Baltasar decía cosas, pero nada de eso importaba a las mujeres.

Le plantaron detrás del altar. Allí había una gruesa puerta de madera que no estaba por la mañana. Le empujaron contra ella.


"Ábrela, pero ten cuidado, porque algo podría dañarse".


Aunque al principio se resistió a hacerlo, al final acabó abriéndola. Allí había una escalera que bajaba en espiral, a unas catacumbas quizás, no podía saberlo. Ellas le empujaron dentro, y le avisaron de algo.


"Cuando cerremos, ninguna voz podrá superar esta puerta, y ninguna fuerza podrá romperla. Baja hasta abajo, y busca allí tu destino".


"No", dijo él. Pero era demasiado tarde. Habían cerrado la puerta y él estaba encerrado. Pasaron largos minutos de, gritos, y de, oscuridad, y de, miedo,... hasta que la escalera empezó a aclararse poco a poco. Había una luz allí abajo.


Bajó las escaleras. Aquello era más profundo de lo que se esperaba.


Pisó el primer peldaño de abajo. Apareció ante él una enorme sala, que casi emulaba la cámara principal de la parte de arriba de la catedral. Sólo que allí no había bancos, y la luz no venía del sol atravesando las ventanas, si no de antorchas que palpitaban a lo largo de todos los muros.


Entró en la sala.


Sus pasos retumbaban y producían ecos infinitos. Miró al fondo. Había alguien allí, a lo lejos. Dijo Baltasar:


"¿Quién hay ahí?"


Entonces se escuchó algo indefinido. No eran exactamente pasos, era un traquear de maderas. Maderas podridas. Y aquel ser se movía. Se acercaba a Baltasar balanceándose como si estuviera ebrio.


Miró a su rostro, y palideció.


Era el rostro de lo que fue su novia. La amiga de las personas que lo metieron en este agujero. Pero su rostro no estaba entero. Su ojo izquierdo pandeaba fuera de su órbita sujeto por unas finas terminaciones nerviosas. La parte inferior de la mandíbula parecía estar colgada de los colgajos de la piel de la cara. Un cuchillo estaba clavado en su esternón. Uno de sus pechos había sido amputado como si lo hubieran cogido, apretado, y estirado sin compasión. No había signos de que estuviera vestida. Ni viva.


Ella se acercaba a él. Él estaba paralizado por el miedo. Maderas podridas.


Su mano derecha era un muñón, donde tenía clavada una larga estaca de madera que golpeaba en el suelo y producía ese ruido de madera podrida. Andaba con las piernas abiertas. Su entrepierna estaba destrozada, sangrante, casi inexistente, un círculo de dolor.

Verticalmente tenía clavada, en lo que fuera antes su sexo, una enorme estaca, que llegaba al suelo y atravesaba su cuerpo por la espalda, elevándose al aire, roja, grotesca. Todo indicaba que su locura le llevó a un onanismo mortal cuyo dolor impidió a su alma emigrar de este cuerpo surgido de infierno terrenal.


Intentaba comunicarse, hablaba con sílabas largas, rasgadas, como si sus cuerdas vocales fueran lijas. Ronquidos agudos y burbujeantes en sangre. Y entre inconfundibles sonidos como rugidos y balbuceos, Baltasar pudo entender una palabra:


"A.... MA.... ME...."






miércoles, 6 de enero de 2010

La fabulosa historia de Lana.

Lana era una chica que nació preciosa, como todos los bebés del mundo. Llegó sana a la adolescencia, pero con un defecto muy cruel para ella. Era fea. En realidad no me importa si era demasiado delgada o demasiado gorda, la cuestión es que la pobre, pues eso, era fea. Muy pronto empezó a verse discriminada por sus compañeros y aprendió en seguida qué era la soledad. Se asustó de una sociedad repugnante, así que se encerró en el cubículo de su habitación a desarrollar cada una de sus aficiones y a cumplir con su función, que era simplemente estudiar. Sacó las mejores notas, y pronto fue la mejor jugando al ajedrez y otras cosas similares que no se ejecutaban necesariamente en compañía de otros. Lana siguió creciendo, y cuando alcanzó su madurez física, su cuerpo dio un giro repentino. Ahora su físico era más que deseable, y aunque tardó algún tiempo en darse cuenta, cuando lo hizo, pronto empezó a usar su nueva arma. Hizo sobre todo amigos que querían algo más de ella. Supo que era el centro de atención, y supo, que podría controlar a casi todos ellos. Se volvió celosa mientras tenía una relación. Se volvió más controladora, y deseó tener el poder de las acciones de las personas que estaban a su alrededor. Algo en su fuero interno había resurgido, algo parecido a la venganza. "Puedo hacer lo que quiera". Y así lo hizo. Se olvidó de que las personas tienen sentimientos, y se olvidó de que ella una vez también los tuvo. Dejó de amar, y empezó a usar. Empezó a cazar. Nadie se daba cuenta de nada porque Lana ahora era guapa, simpática e inteligente. Dejó de sentir por los demás, porque ellos nunca habían sentido por ella. Había caído en el error que cometemos al odiar. Había caído en el error de tener miedo a quedarse sola de nuevo, así que ataba a los demás. Decía "te quiero" a los que le decían "te quiero" para tenerles ahí cogidos de los cataplines. Incluso le decía "te quiero" a más de dos. Incluso se dejó amar tranquilamente de quien ella no amaba, sólo porque era divertido, sólo porque quería una colección a la que acudir en caso de que alguien le rechazara.

Lana sabía que si los demás supieran cómo era ella de verdad, la abandonarían. Lana cometía errores continuamente porque tenía miedo. Lana tenía un problema que no sabía solucionar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

2009-2010

Se va a terminar un año al que le he cogido muchísimo cariño. Todo empezó regular, pero ha acabado divinamente. Cada bocanada de aire la he tomado hasta el final, dejando que entrara en mi todo lo que ese aire llevaba, fueran cosas buenas o cosas malas. Me cuesta dormir, pero YA NO por el miedo a tener que levantarme al día siguiente, si no por las ganas que tengo de despertar y seguir con las mil cosas que siempre están rondando mi cabeza y que me encantan y las disfruto. Ya no me da pereza, ni siquiera ahora en invierno -que se está tan caliente en la cama y tan frío fuera- a despertarme y tirar las mantas a un lado y pensar "allá voy!". Y pienso que es ahora el momento para dar un agradecimiento especial a quien ha sido un magnífico detonante: Tayde. Cualquiera que haya hablado 20 min conmigo tiene que haber oído hablar de ella, XD. Y después vino la música, que no puedo creer cómo es posible que ocupe tantísimo de mi tiempo. Todo empezó hace mucho, en casa de alguien con quien me he reencontrado (también en este año), y a quien admiro muchísimo. Quien, además, me ha traído nuevas e inesperadas ilusiones. Nuevas propuestas para el 2010. Ende y piano -y guitarra y también batería. Además de tener los mejores amigos que podría esperarme. Un día hice una lista con lo que sería un amigo perfecto. Descubrí que ese amigo imaginario era una patata con lo que he podido encontrar aquí, en el mundo material. En el plano material -y disculpar si no os dedico todo el tiempo que merecéis, es difícil hacerlo todo- Que te salgan bien los planes, mola, que te salgan mejor de lo esperado, mola mucho más. Es genial llegar a casa de uno con las piernas cansadas, con el cuerpo cansado, con la respiración agotada. Y sobre mis deberes con la carrera, pues, ya hablaremos el año que viene, XD. Voy a coger mi canción favorita, "please, please, please, let me get what i want", y me voy a limpiar el culo con ella, porque otras muchas han ocupado su lugar durante este año 2009. Año que voy a acabar dejándome la vida, y como siempre debería hacerse, con mojito, buena música (tocada por mi, muajaja), los mejores amigos, y mucha, mucha energía y mucha ilusión. Va a ser maravilloso tomarme las últimas uvas con la hija de mi prima Irene, Aitana, que ha nacido hace dos días (no es una frase hecha) y del que además soy padrino. Es algo nuevo que crece y se hace fuerte en mi vida. Hasta con la familia- de la que siempre me he sentido un poco desapegado- me he sentido agusto últimamente. Qué bien me sienta decir a las personas que alguna vez dudaron de mi y me llamaron conformista -cuando ni siquiera entendían del todo qué significaba eso- mirar lo que tengo. Lo tengo TODO. Y todo, absolutamente todo, lo he conseguido yo.
Y por fin termino con lo que es mi primer post personal y directo de toda mi vida como bloguero. El primero y espero que el último, porque este no es mi estilo, jeje. Demasiado pastel tengo en la boca y al final vomitaré.
->PUES HOY TOCA DESANGRARSE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

jueves, 3 de diciembre de 2009

Nosotros.

No podemos decir que no seamos increíbles, ingeniosos e inteligentes, nosotros, que surcamos los oceanos y los cielos, que hablamos a distancia, que tostamos el pan, que construimos cosas tan maravillosas. No podemos decir que no seamos bellos, admirables y fantasiosos, nosotros, que creamos cosas donde antes no había nada, que escribimos sentimientos en la roca, en el papel y en el aire, que superamos los obstáculos aunque sintamos dolor, que no nos rendimos. No podemos decir que no seamos buenos, simpáticos y comprensivos, nosotros, que creamos sociedades, que sentimos por los demás, que lloramos por los demás, que ayudamos a los demás sin pedir nada a cambio. No podemos decir que no somos hermosos.



Tampoco podemos decir que no seamos desconfiados e irespetuosos, nosotros, que necesitamos un gobierno, que creamos cárceles, que hemos torturado, que nos hemos reído de los demás. No podemos decir que no somos ignorantes ni orgullosos, nosotros, que nos equivocamos miles de veces, que no admitimos nuestros errores, que llevamos con nosotros nuestros fallos. No podemos decir que no seamos crueles y egoistas, nosotros, que matamos por falsas creencias, que nos hacemos daño por dinero, que hacemos guerras y asesinamos a inocentes. No podemos decir que no somos horribles.



No podemos decir que no somos vida.

miércoles, 1 de julio de 2009

Taluego!

Hoy escribo para tí y en tu honor. Porque te lo mereces y porque te lo has ganado. He aquí esta página de mi libreta negra, que es tuya. Pero atiéndeme bien, porque aunque sólo sea una breve página, es tan buena como todas las demás. Sí, es una página de las buenas. Me gusta pensar que es como una sonrisa. No despreciamos ni una sola sonrisa porque las saboreamos como lo que son... UNICAS.

Has escuchado mi "sol, fa#, sol; si, do, si" de una forma especial. Porque no toco con las manos, toco con el corazón, y eso lo entendiste muy bien.
He escuchado la armonía que surgía en lo profundo de tu garganta y eso no lo olvidaré jamás.
Yo me hacía el duro y tú mirabas mi entrecejo.
Te escuchabas con tu escucha-latidos-oscultómetro (jeje) y sonaba tan fuerte -- Será porque tienes un corazón muy grande y hermoso. Será porque quiere hacerse oír.
Deja que suene!
Taluego!!!!!!