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martes, 25 de diciembre de 2012

La familia y los emigrantes

Tocaba la guitarra para que la hija de mi prima cantara villancicos. La primera niña de la nueva generación. El familiar con la edad más parecida a ella es mi hermana, con una diferencia de 19 años. Quiero decir con esto, que es la "niña" de la familia, y por tanto, la niña de muchos ojos, una hermosa joya (no sabía cómo decirlo para que no sonara cursi, pero es que es así, la niña más querida del mundo). Pues eso, estaba yo tocando la guitarra para ella, villancicos, cuando mi primo político me dice "tócate un solo de esos heavies". En eso que me dispongo a tocarle el famoso riff de "smells like teen spirit" de Nirvana, con la distorsión del amplificador al máximo y más allá. Yo casi esperaba que no le gustara, pensé "pues hago la gracia y sigo con los villancicos", y cuando me la veo, sin más, meneando la cabeza al más puro estilo heavy metal, casi se me cae la baba, el alma, y todas las cutrezas derivadas posibles. 

Ninguno de nosotros le dijo cómo se bailaba eso, simplemente lo hizo porque sí. Vale, que es imposible que una niña se ponga a bailar heavy metal sin que nadie le haya explicado algo, que seguramente lo haya aprendido en el colegio, pero oye, fue un shock. 

Y después de ese encontronazo sentimental, me quedé meditabundo un rato. Pensaba en la felicidad y la familia. Siempre he pensado que la familia era importante. Te dan de comer, te pagan los estudios si hace falta, te dan los regalos de navidad. Fíjate si es importante. Pero a parte de esas necesidades satisfechas por tus padres, no solía pensar en "la familia" como algo más. Simplemente era una parte de tu vida, que luego puedes más o menos dejar un poco de lado para dedicarte a tus cosas, tu otra familia, tu trabajo, etc. La familia eran esas personas a las que tienes que ver a la fuerza en la cena de nochebuena. 

Con ese pensamiento, y con el marco de la crisis española, parece que no sea ninguna locura decidir tomar una avión para ir a otro país donde puedas encontrar tu trabajo, tu otra vida. Alejarse de la familia para buscar trabajo casi queda "guay", casi parece que te hace listo, o emprendedor, o europeo. Ya he vivido una conversación muy parecida a esta: "He encontrado trabajo en Finlandia, me voy el mes que viene. Me pagarán de puta madre", "¿Si? Joder, qué envidia, me gustaría hacer lo mismo". Pues a mi no me daba envidia. A mi no me gustaría irme de mi país para buscar trabajo. A lo mejor es que yo me llevo especialmente bien con mi familia. A lo mejor es que para mi una cena de nochebuena no es algo obligatorio, si no algo que hago con mucho gusto. 

El pensamiento habitual de las personas, es que para realizarse a uno mismo, a veces hay que hacer sacrificios. Si para ser autosuficiente, o simplemente para sentirse bien, para no sentirse un estorbo, tienes que alejarte de las personas que menos te van a pedir a cambio de un favor, entonces para mi eso es un sacrificio muy grande, seguramente demasiado. Conseguir trabajo fuera no es algo bueno, es algo que se hace porque realmente se está desesperado, porque no tienes otra opción. Conseguir trabajo fuera no es de listos ni de valientes, porque conseguir trabajo fuera da mucha pena y mucha lástima. Otra cosa sería que no haya personas importantes en tu país que vayas a dejar atrás. Pero no es mi caso. 

Sólo quiero decir, en ámbitos generales, que no olvidemos qué cosas nos hacen realmente felices. Porque si las olvidamos, las dejaremos abandonadas buscando otras cosas que, en realidad, no son tan importantes. 







miércoles, 4 de julio de 2012

Las buenas personas


Me encuentro en un instante de mi vida en el que me empiezan a caer mal algunas gentes. Envidiosas y amargadas, todas ellas. Sin en cambio, de las que quiero hablar, es de las buenas personas.

 Estoy cansado de escuchar que en esta vida hay que ser un “espabilado”, es decir, alguien que no pierde oportunidad de coger aquello que desea independientemente de lo que deseen los demás. Cansado de escuchar que hay que tener miedo de la gente, porque la gente es muy mala y te roba y sólo quiere hacerte daño, por eso tienes que ser más espabilado que ella.

Pues no sé a qué gente se refieren. ¿Alguien ha visto a esa gente? ¿Conocéis a alguien tan malvado que haya que ser un espabilado para defenderse contra él? Pues seguramente sí, para qué vamos a mentirnos. Pero son los menos, escasos, cuatro gatos mataos, envidiosos, y amargados. La gente buena, la gente que no quiere hacerte daño aunque a veces lo haga sin darse cuenta, la gente que te daría la mano para ayudar a levantarte sin dudarlo ni un segundo, y la gente que quiere el bien para todos, aunque no sepa cómo conseguirlo, abunda en este planeta, aunque muchos aun no se han dado cuenta. Por cada persona mala, conozco veinte mil buenas… Vale, tal vez no conozca a tanta gente, pero es para que os hagáis una idea de la proporción.

Un hecho de mi infancia, muy tonto pero que para mi tuvo su eco en mi maduración, fue cuando fui a sacar la basura. Una gran bolsa de basura, tan pesada que me impedía abrir el contenedor para poder echarla dentro. Un joven adolescente se me acercó y levantó la tapa del contenedor por mí. Llegué pensativo a mi casa, y le dije a mi madre “Mamá, los jóvenes no son malos, son buenos”. ¿Por qué demonios yo pensaba que los jóvenes eran malos, hasta tal punto que me sorprendió que uno de ellos me ayudara? ¿Quién le metería esa mentira tan gorda a un niño de mi edad de entonces? Seguramente fue cosa de mi madre y de la televisión.

No sé si habéis probado a tiraros en medio de la calle de una gran ciudad y desmayaros. Se dice, que si eso pasa nadie te ayuda, porque en una ciudad todo el mundo pasa de todo el mundo. Pues yo eso no lo he visto en mi vida. Pero sí recuerdo una vez que mi madre se resbaló frente al corte inglés, y antes de que yo me diera cuenta ya estaba otra vez de pie, ayudada por un joven que pasaba por allí. Y otra vez, que llamé al 112 para avisar de que había una mujer tirada en la acera sin moverse, y que me dijera la operadora que ya habían dado ese aviso varias personas, y de que una ambulancia ya iba para allí.

Hay más resultados en google para “buena persona” (194 millones) que para “mala persona” (9 millones), y google no miente, eso lo sabemos todos.

Fácilmente me puede salir alguien contándome algún caso que demuestra que en las personas no se puede confiar. Porque esos casos llaman mucho la atención, mucho más que los casos donde actúan las buenas personas, porque esos buenos casos son tan numerosos que pasan desapercibidos.

Y para quien piense que soy inocente y un pardillo al que le van a dar más palos que a una piñata, le diré que si piensa que la gente es mala, es porque es tan envidioso y amargado como ellos, que no sabe a quién echar la culpa de sus penas, más que a ellos, esos seres fantasmales que jamás vais a conocer. 


Las personas somos buenas, tanto por naturaleza como por conveniencia, porque no podemos ser felices si no lo son los de nuestro alrededor. 



sábado, 9 de junio de 2012

Huellas sobre el polvo


Traqueé la puerta para entrar, pero me di cuenta de que estaba abierta. Cómo no iba a estarlo, si aquí dentro puede entrar cualquiera.

Los primeros pasos que di dentro, dejaron huellas sobre el polvo acumulado de hace tanto tiempo. Casi no había muebles, y los pocos que había estaban cubiertos con una sábana blanca. El sonido de la estancia contaba esa gran soledad que habitaba en ella, con susurros parecidos a los que se escuchan en una cueva. El sol atravesaba las rendijas de las persianas a medio abrir, llenándolo todo de haces de luz.

Me quité la mochila y la apoyé sobre un mueble. La abrí, y fui sacando las cosas que había traído y que tenía la intención de dejarlas aquí para siempre.

Una lente. Es la mira de un telescopio que ya sólo decoraba mi estudio. En un lateral viene escrito “x4”. Nunca supe porqué la lente de x4 aumentaba más que la de x20. Nunca lo sabré.

Unos auriculares. Son de esos que te cubren toda la oreja. Tienen una claridad en los sonidos bajos que me parece fascinante. Los usaba para escuchar horas y horas de música.

Una pieza de ajedrez de madera, el rey negro. Quemé el resto del juego.

Un sombrero de paja. Descolorido de tanto usarlo. A veces, me pasaba un día entero andando bajo el sol, y si no llega a ser por este sombrero seguramente habría muerto.  

Un CD con un  videojuego. Soy incapaz de contar la cantidad de dragones y troles que he matado en este juego a base de lanzar relámpagos y columnas de fuego.

El resto de la mochila estaba lleno de libros. Uno de ellos contenía mapas estelares para cada época del año, otro era un manual de trucos de ajedrez, otro se llamaba “Mundo Submarino”, varios eran novelas de fantasía, de Michael Ende, Tolkien y similares… Y un libro de partituras. Me sabía algunos de los temas contenidos en este libro, y tenía la intención de aprendérmelos todos.

Me colgué la mochila vacía y ligera, y metí la mano en mi bolsillo para sacar el último objeto que dejaría aquí, el que más de dolería dejar.

Una armónica. Había aprendido a tocarla hace tiempo, pero ya no podría hacer que sonara mejor. Ya no tengo tiempo para eso…

…ni para hacer el resto de las cosas.

Me acerqué a una esquina a recoger lo que había venido a recoger (la esquina donde habría pretendido ocultarlo), algo que ocuparía, a partir de hoy, tanto tiempo como me ocupaban el resto de cosas que dejé aquí.

Salí de aquella estancia cerrando la puerta, para no volver jamás. 

                               

domingo, 8 de enero de 2012

Gafas oscuras en plena noche

Se ruega la presencia del excelentísimo señor don Fernando.

Se ruega la presencia de Fernando.

Y ahora, que alguien me explique qué diferencia hay entre esas dos frases. Porque, comprobado con mi búsqueda en la real academia española, excelentísimo no es más que un “Tratamiento de respeto y cortesía”. Que no se ofenda el excelente (porque nadie duda de que sea excelente, ilustrado y buenísima persona), señor, y don, Fernando, si resumo en la segunda frase el “tratamiento” de cortesía.

Tratamiento que se prolonga tanto en tiempo de pronunciación como en longitud de escritura, más que el propio nombre. Fernando.

No me extrañaría en absoluto que alguien olvidara el nombre que quería decir después del larguísimo tratamiento.

No me extraña que a veces olvidemos a dónde queremos ir, si queremos decorar el camino de ida hasta hacerlo prácticamente inútil. Un camino que siempre es empinado, lleno de rocas y peligros, que pretendemos hacer en zapatos, traje y corbata, y además queremos hacerlo sin ensuciar ninguno de esos lastres. ¡¡¡Como si quisiéramos llevarlos!!!

Y es que es frecuente, al menos yo lo creo con total seguridad, que una cultura mal usada es una enorme cadena que nos cuelgan al nacer, y que pasamos a nuestros hijos para que sean tan infelices como nosotros. Alguien debería darse cuenta de que “excelentísimo señor don…” es un tratamiento tan inútil como unas gafas oscuras en plena noche.


viernes, 18 de febrero de 2011

Hasta el último segundo.

Permanecía sentado en la vía del tren, entre las dos guías, sobre uno de los travesaños de madera. Tenía las piernas cruzadas, y jugueteaba con las gravas. Eran gravas muy tostadas al sol, calientes y secas, tan ásperas y arenosas que al contacto producían tericia. Pero él ya se había acostumbrado, así que, a pesar de eso, jugueteaba con ellas.
Se aburrió pronto, y se levantó para seguir su camino. Tenía dos opciones, hacia delante o hacia atrás. Podría haber elegido cualquiera, no le importaba a nadie en realidad, pero eligió hacia delante. Le habrían educado así, o así habría sido su naturaleza. Hay quien diría que lo llevaba en los genes, otros, que simplemente era un ignorante que no tenía ni idea de hacia dónde les llevaba sus pasos. Sin metas definidas, solamente seguir y observar los paisajes que se extendían más allá de las dos líneas de los carriles, hay quien diría que estaba loco.
Cualquiera podría preguntarse por qué no salía de la vía y se iba a investigar por ahí, a descubrir mundo. Cierto es, que si él lo supiera, lo haría sin dudarlo un instante. Pero él no tenía la inteligencia ni la sabiduría suficientes como para salir de la vía del tren. Simplemente no sabía hacerlo.
No sé muy bien cuánto tiempo ha seguido la vía, pero sí sé que no el suficiente como para ablandar su ánimo y sus esperanzas, que seguían intactas desde el primer día. Así era, a pesar de tener la conciencia de que algo muy horrible se aproximaba tras él. Nada más ni nada menos que un tren de alta velocidad, que iba en su busca y un día, lo aplastaría. Sin embargo, sabe que cada paso que dé hacia delante, es un paso de vida y experiencia, y que cada paso que dé hacia atrás, es un paso más cerca de un final inevitable.
Pero inevitable o no, y por muy fantástico e increíble que suene, jamás dudó de que el tren nunca le alcanzaría, y de que encontraría el modo de sortearlo de alguna forma.
Hasta que una mañana, unas vibraciones intensas le despertaron de un sueño incómodo sobre los travesaños. Sintió un nudo en la garganta. Se levantó despacio, pero no tuvo miedo de alzar la vista. Ya venía el tren, y a una velocidad insalvable para sus piernas. Pero alzó el rostro orgulloso y se contó así mismo algo gracioso, pues su humor, su fuerza y su templanza, fueron indiscutibles hasta el último segundo.




sábado, 15 de enero de 2011

tranquiiiii

OOUMMMMMM....

jueves, 6 de enero de 2011

Humo fuera!!

Teniendo en cuenta que el 70% de los españoles no fuma y que de 50.000 muertes relacionadas con el tabaco, 1200 son de fumadores pasivos, me parece normal que se haya aprobado esta ley anti-tabaco del 2 de enero. Era absurdo que un no fumador tuviera que aguantar el humo de otras personas. En principio, no termino de ver correcto que se use una prohibición para solucionar un problema. Pero si la gente, usando su sentido común y su sano juicio no es capaz de pensar que molesta a la gente de su alrededor cuando fuma, entonces hay que tomar medidas, y las que se han tomado me parecen muy oportunas, aunque incompletas para mi gusto. Al menos respecto a lo que al papel se refiere (es decir, que escribir leyes es fácil, hacerlas cumplir, no tanto).

Aun se puede fumar en las terrazas de los bares y en las colas de los cines. Yo también lo prohibiría, pues no sería la primera vez que me he tenido que tragar el humo del fumador que estaba sentado en la mesa de al lado. Aunque es cierto que eso sería excesivo, ya que esta ley no pretende prohibir simplemente. Lo que pretende es que la gente deje de fumar, o que por lo menos, deje de molestar en lo posible a los no fumadores. Y en definitiva, lo que pretende, es fijar más y mejor en la conciencia de las personas que, si fumas, molestas.

Una excusa que suelen usar los fumadores en contra de esta ley, es que muchos bares tendrán que cerrar, ya que los que solían frecuentarlos eran fumadores. Es posible que se "desmotive" al 30% que fuma a ir a los bares, pero también se "motiva" al 70%. Muchos fumadores dicen, a mi entender con cierto aire infantil: "pues ya no iré al bar a tomar mi caña y me la tomaré en mi casa". Yo estoy seguro de que acabarán bajando al bar, tarde o temprano, fume o no fume.
Si la gente deja de fumar, dejarán de gastarse esos millones de euros comprando cajetillas, y el gobierno dejará de ganar los impuestos que ganan con el tabaco, y tendrán que añadirlos a otras cosas. Puede ser, pero también se ahorrarán muchos millones en salud pública (ya que tendremos una sociedad más sana) y podrán invertirlos en otra cosa.
En su momento, salió esa ley que obligaba a los establecimientos a dividir las estancias entre fumadores y no fumadores. Me parece que aquello fue un error del gobierno, en su intento de llegar a este punto paulatinamente. Y como error que es, si el mundo fuera justo, los bares que invirtieron en las separaciones deberían ser indemnizados.
Hay quien dice que el humo del tráfico también es nocivo para nosotros, y que sin embargo eso no lo prohíben a pesar de ser incluso más nocivo que el tabaco. Y bien, aludiendo a Michael Ende digo que, el humo del tráfico y de las industrias es otro problema, y deberá resolverse en otra ocasión.

Otra forma de verlo, es pensar que los bares son lugares "privados", y por lo tanto, si es privado, uno podría fumar igual que lo puede hacer en su casa, y dejar que fume quien quiera. Pero legalmente no es exactamente así (he querido enterarme cómo es exactamente, pero ya me enteraré otro día), ya que eso correspondería a otra forma de gobierno, capitalista en extremo. Está claro que en una habitación pública un fumador no tiene cabida (menos en las cárceles, que sí la tiene), pero si es privada, es otra cosa.

Mucha ley, mucho pensar, y muchas buenas intenciones (así quiero verlo yo), pero la ley ha de hacerse cumplir, y según tengo entendido, en algunos sitios se respeta, y en otros no. En principio, no debería fumarse en sitio cerrados porque molestas, y en segundas, ahora además no debes fumar porque está prohibido, por lo tanto quien decida ir a un bar/discoteca y encenderse un pitillo me parece que es, simple y llanamente, GILIPOLLAS.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El árbol que cayó y nadie lo escuchó

Meditaba hace pocos días sobre la siguiente paradoja: “Si un árbol cae en medio del bosque, y no nadie lo ha escuchado, ¿Realmente hace ruido?”. Usando razones sencillas, tenía una respuesta sencilla: Sí, a pesar de que ningún ser humano lo escuchó, hizo ruido, las vibraciones acústicas se expandieron por el aire, y produjo cambios a su alrededor. Y no sólo hablando de humano, también de animales. Aun suponiendo que no hubiera ningún animal alrededor (suponiendo que fuera posible), el árbol hizo ruido, y transmitió sus vibraciones a las plantas cercanas. Incluso, si el árbol estuviera apartado en un planeta donde sólo viviera él, cayó, y sus vibraciones sobre la tierra podrían producir un terremoto. Después de todo, una mariposa que bate sus alas en una parte del mundo, puede producir un huracán en la otra parte. Parece ser que todo lo que sucede, sucede, porque deja una huella en su entorno.
Pero ¿Y si el árbol cayera y su sonido no afecta en absoluto a su entorno? De nuevo, usando  razones sencillas, tenía otra respuesta sencilla: Ya que es imposible que algo suceda sin dejar ningún rastro, No, el árbol No hizo ningún ruido al caer. Por el simple hecho de que es una contradicción que algo suceda (hizo ruido, vibró) sin dejar alguna huella (para que vibre se requiere de materia que se deforma). Así, todo lo que sucede deja su muesca en el éter del universo, como la piedra en el estanque.
Todo lo que sucede.
Así, todo lo que hacemos, todo lo que pensamos, son pequeños impulsos que transmiten su energía a lo ancho y largo de todo lo demás. Eso hace pensar, que aquellas malas palabras que le dijimos a un ser querido van a dejar su huella en todo lo que nos rodea, ya que todo está dispuesto como una hilera de piezas de dominó, dispuestas a caer al más leve movimiento. Cada pensamiento es una piedra en el estanque, un big bang en el universo, con todos los rastros y pistas que dejamos detrás.
Deberíamos tener en cuenta, más a menudo, que cada pensamiento negativo tiene su eco en la inmensidad. Pues el árbol cayó, y si hizo algún ruido, todos lo escuchamos, de un modo u otro.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Mi conciencia y yo.

(Habla la conciencia)
-¿Qué estás haciendo abriendo el estuche del teclado? Vamos a ver, lo teníamos guardado en esa esquina medio oculto para que no lo tocaras ¿Y qué haces ahora? ¿Estás enchufándolo? Mira, mira, que lo que tienes que hacer es el plano de implantación que lo tienes a medias, haz el favor de recoger eso y ponerte a hacerlo ahora mismo.
(Hablo yo)
-Mira, no te pongas tan histérica que no es para tanto. Llevo ya casi media hora y necesito un descanso. Toco un ratito, me relajo, y luego sigo, que no hay que ser tan exigente eh, que luego nos ponemos tristes y nos cansamos, así que tranqui...
-¿Tranqui?¿histérica? ¿Qué forma es esa de dirigirte a mi? Dices que vas a estar un ratito, y yo te digo que una mierda vas a estar un ratito. Se te va a hacer de noche y luego dirás que ya es tarde, que está oscuro y no sé que más gilipolleces que pones como excusas para ponerte a jugar. So perro!
-A mi no insultes gilipollas que yo hago lo que me sale de los huevos, subnormal, voy a tocar el piano hasta que me salgan ampollas, así que enterada estás.
-Chaval, te la estás buscando bien, cabrón, ¿Qué sería de ti sin mi? Aun estarías en bachiller ligándote a las putas mañacas que hay allí, y tocándote los huevos cada vez que me relajo un poco, maldito macaco pajero y desagradecido!!
-¿Por ti? JA! Me río en tu puta cara desgraciada, mierda seca, que si pudiera iba yo a aguantarte, una puta mierda para ti, te sacaría las tripas y te las haría comer, hurón patizambo y calvo, jódete!
-Eres un hijo de puta, te voy a partir la cara cabrón, te voy a abandonar y te van a dar pal pelo chaval, que no vas a llegar ni a mono de feria, y vas a tener que comer la mierda que cagas si quieres seguir respirando por esos putos pulmones, gilipollas.
-Eres una ZORRA.
-Y tú una GUARRA.

(Y así están las cosas)




domingo, 19 de diciembre de 2010

Y así el hombre...

El hombre recorría los abismos infinitos del universo, flotando en él como un cometa, experimentando las infinitas sensaciones que cada astro proporcionaba. Pero el hombre tuvo miedo, y buscó una galaxia confortable donde entró, se acostumbró, y con el tiempo se encerró. Y así el hombre recorría los abismos de la galaxia, paseando entre los sistemas y las estrellas. Pero el hombre tuvo miedo, y buscó un planeta confortable donde entró, se acostumbró, y con el tiempo se encerró. Y así el hombre recorría el aire, el mar y la tierra, vislumbrando las formas de vida inclasificables que habitaban en él. Pero el hombre tuvo miedo, y buscó un suelo confortable donde entró, se acostumbró,  y con el tiempo se encerró. Y así el hombre, andaba, y subía montañas y bebía de los ríos. Pero el hombre tuvo miedo, y buscó un hogar confortable donde entró, se acostumbró, y con el tiempo se encerró. Y así el hombre distribuyó sus muebles, encendió la chimenea, y miró por la ventana. Pero el hombre tuvo miedo, y tapió las puertas, y buscó un lecho donde entró, se acostumbró, y con el tiempo se encerró. Y así el hombre tranquilamente dormía y soñaba con maravillas de otro mundo. Pero el hombre tuvo miedo, y construyó en su mente para protegerla de pesadillas un fortín donde entró, se acostumbró, y con el tiempo, se encerró...

Y así el hombre encerrado en su propia crisálida, espero la muerte...

viernes, 17 de diciembre de 2010

Decadencia.

Las delicadas sombras del rostro dejaron paso a la negrura, a la mugre, y al sebo repugnante, que tanto se acumulaba sobre la piel que bajo ella, rodeando el ombligo y las caderas, y bajo ellas, dejaron las pistoleras paso a los trabucos. La respiración bien aceitada y suave como un colchón de nubes ya forma parte de los archivos históricos, carcomidos por pequeños seres impertinentes, y ahora ruidosa y asmática cual moribundo en su lecho de muerte. Se olvidó pronto de la fluidez de su lengua, cuyas babas resecas han formado una masa pringosa pastosa que envuelve el músculo charlatán, como si de un abrazo de oso se tratara, inmovilizándola, agarrándola y atrayendola hacia los profundos abismos de la ruina.

La desesperación irrumpió en el hogar de la dulce ilusión, y guió a su capitán por los caminos de la decadencia, lo pobre y la podredumbre, el moho, los ecos vacíos, arenas movedizas y nubes tóxicas que impregnan la ropa y la manchan de tintes y olores permanentes e indestructibles como la propia destrucción de los tejidos vivos.

Desolador redil de los sueños rotos.

sábado, 14 de agosto de 2010

de los buenos...

Dejando de lado aquella abstracción de ideas que hacían de un punto de luz una maraña nubosa de ideas infinitesimales, para centrarme en la simplificación que cada persona individual hacemos, es decir, la dualidad, y motivado por "La carretera" y "Qué bello es vivir", libro y película correlativamente,
    decidí ...
      ... aunque ello supusiera creerme parcialmente arrogante por dar cierta mi dualidad.
      ... imaginando que veía mi vida desde fuera, como un libro, o una película.
    decidí ...
      ... teniendo en cuenta que cada momento se repite una otra y vez en la eternidad.
      ... pretendiendo crear a mi alrededor un aura de bienestar.
    decidí ...
      ... con cordura o sin ella, como un patoso o una potencia de las finanzas.
      ... con lástima, con muerte y con lo que fuera, pero siempre con bondad.
    decidí ...
      ... aunque ello supiera la negación de realizar mis deseos.
      ... aunque a mi alrededor se desate el miedo, el odio y la absoluta destrucción de todo.
    decidí ...
      ... aunque sepa que jamás recibiré nada a cambio.
      ... aunque me sienta perdido y solo.
    así pues, decidí...
...que yo siempre sería de los buenos.
Quiero una maleta así de grande!!!!
-Tienes que hablarme.
-Vale.
-[...]Mi deber es cuidar de ti. Mataré a cualquiera que te ponga la mano encima. ¿Lo entiendes?
-Sí.
         Se quedó allí sentado con la manta por capucha. Al cabo de un rato levantó la vista:
-¿Todavía somos los buenos?,-dijo.
-Sí. Todavía somos los buenos.
-Y lo seremos siempre.
-Sí. Siempre.
-Vale.

domingo, 16 de mayo de 2010

XD

Bastó una mirada a mí alrededor para comprender que, pasara lo que pasara, yo estaría a salvo. Me bastó con mirar, y comprobar, que siempre iba a estar para solucionarlo todo.

Que los días te pasan sin poder ver el sol que estas paredes y este tejado, opacos, te ocultan. Que los deseos siguen guardados en un enorme baúl escondido en un mundo paralelo. Y que las heridas que cicatrizaron jamás acabarán por desaparecer del todo.

Me bastó con mirar, para ver, que por mucho que sufriera, siempre podría sufrir más. Me bastó comprobar, para saber, que por mucho que lloviera, el cielo siempre vuelve a brillar.

Así que un día decidí ser un cursi que nunca fui. Decidí, que las cargas que llevamos siempre se pueden soportar. Decidí, que pasara lo que pasara, yo jamás me rendiría. Decidí que siempre había un buen motivo para dedicar una sonrisa.

Así pues… Sonríe!! XD

viernes, 7 de mayo de 2010

Atención!

MENSAJE URGENTE/. SE ACABA DE DESCUBRIR QUE REALMENTE EXISTEN LAS MALAS PERSONAS/. GENTE QUE HACE COSAS MALAS SIN AVERGONZARSE, SIN ARREPENTIRSE/. QUEREMOS PREVENIROS DE ELLAS PARA QUE CUANDO OS ENCONTRÉIS CON ALGUNA SEPÁIS A QUÉ OS ATENÉIS. 

En ocasiones, se hacen llamar Lana y son terriblemente convincentes. ¡No os dejéis amilanar!

Pero no todos son Lana. Por favor, no perdáis la fe en la humanidad. Que las buenas acciones prevalezcan a las malas, alabemos a los buenos, porque ellos son el futuro.

Una buena mentira, se lleva siempre hasta el final.

Mientras la madre de Lana leía una revista en su cuarto, un ruido inesperado se escuchó en otra habitación de la casa. 
"¿Se ha caído algo Lana?"
"No, no te preocupes" -la voz de Lana llegó a los oídos de su madre a través del pasillo.
Así, su madre pudo seguir leyendo.


Media hora después, la madre se asomó al cuarto de Lana, para comprobar que seguía estudiando. 
"¿Estudias, Lana?"
"Claro, mamá"
Entonces Lana sacó de debajo de sus apuntes una hoja donde se estaba dibujando a sí misma, con un chico. Iban cogidos de la mano. Pronto, de nuevo la voz de su madre:


"¡Lana! ¡Ven al comedor ahora mismo!"
Ella fue.
"¿Qué es esto?" -Decía su madre, señalando un trozo pequeño de cristal que había debajo de un mueble de salón. 
"Es del jarrón de cristal que me regaló tu abuelo cuando fue a Venecia. ¿Lo has roto?"
"No, yo no he hecho nada, ¿por qué tengo que ser yo siempre?"
"Porque ahora mismo sólo estamos tú y yo en la casa, y antes he escuchado algo romperse. Sabes que me gusta mucho ese jarrón y que significa mucho para mi. ¿Por qué no me has dicho que lo habías roto?".
"Pero que yo no he roto nada. ¿De qué jarrón me hablas?" -Insistía Lana.
"No te hagas la boba, ese jarrón ha estado en esa estantería siempre y ahora no está. ¿Dónde está el jarrón?"
"¡Y yo qué sé! ¡Tú sabrás lo que haces con tus cosas!" -Así Lana intentaba evadir el tema.
Su madre se dirigió a la cocina y miró en la basura, y dentro de algunos cajones. No encontró nada.
"Algo habrás hecho con el resto de los cristales" -dice su madre.
"Que yo no he roto nada ¿Por qué no me crees? ¡Siempre tienes que desconfiar de mi!"
"Lana, que antes de irme a mi cuarto el jarrón estaba ahí. ¿Cómo ha podido desaparecer solo?"
"¡Estás loca mamá, déjame en paz!"


Su madre se puso a mirar donde estaba el jarrón, por si encontraba alguna pista. Conociendo a Lana como la conocía, no comprendo cómo aun podía dudar de que, efectivamente, había sido Lana la que había roto el jarrón. Así era Lana, muy convincente. Y cobarde.


Al día siguiente, Lana se iba al colegio con su mochila en la espalda. Su madre se acercó a ella y quiso abrirle la mochila para meterle el almuerzo. Ella se apartó.
"¿Qué pasa Lana?"
"Que... hoy no almuerzo"
"A ver, ¿Por qué no almuerzas?"
"Es que llego tarde mamá, hasta luego" Lana salió corriendo de casa, haciendo caso omiso de los gritos de su madre pidiéndole que volviera. Y así, el jarrón desapareció para siempre.


Más tarde, su madre encontró pequeños trozos de vidrio dentro de la mochila de Lana. Ya no volvió a confiar en ella jamás. No le dijo que los había encontrado. Y es que, había perdido la esperanza.













miércoles, 10 de febrero de 2010

Canción de Lana.

-Me llamo Edu, ¿damos una vuelta por jardín, Lana?
-Sí, me encantaría.
Entonces Edu abrió la puerta del edificio para salir al jardín, y esperó unos minutos. Lana no apareció, así que volvió a por ella. Estaba sentada en una mecedora, leyendo.
-Ey Lana, ¿No habíamos quedado para dar una vuelta por el jardín?
-Ah sí, es verdad. Pero me encontré con este libro y esta cómoda mecedora, y decidí sentarme un rato. Pero podemos ir ahora, ¿Vamos?
-¡Claro que sí!
Salieron al jardín y pasearon por su lindero, limitado por una valla. Al otro lado estaba mar, que golpeaba las rocas del acantilado y dejaba en el aire una humedad y un olor agradables.
-¿Te gusta el mar, Lana?
-Me encanta Edu. Me gustaría un día tomar un barco y cruzarlo entero.
-Pero el mar es muy amplio.
Entonces ella guardó un silencio incómodo. Él le tocó del pelo, y le dijo:
-Me caes bien- Lana contestó:
-Yo cruzaré el mar en barco, me da igual lo que me digas. Deja de decirme lo que tengo que hacer.
-No te entiendo Lana, ¿Qué quieres decirme con eso?
-Paso de que dudes de mí.
-Yo no he dicho que dude de ti. He dicho que el mar es muy amplio. ¿Puedes entender lo que yo pienso? ¿Puedes ponerte en mi lugar?
Lana se dio la vuelta y se fue sin contestar, silvando una canción alegre. La espuma del mar fue tras ella con el viento, diciéndole adiós.

sábado, 6 de febrero de 2010

Kum

Kum era el chico que inspiraba a las novelas románticas donde el amor a primera vista era posible. Esa era la etapa de moda.


Para llegar hasta allí, Kum tuvo que estar enamorado unos años. Enamorado de ese primer amor que se dice que es para siempre, pero es mentira. Pero es, tal vez, el más inocente, puede que el más sincero, el más cutre, el más pomposo, el más irremediablemente vergonzoso. Aquella relación se pasó. Porque se lleva que ese tipo de relaciones pase. Es la moda. Entonces lloró, y se preguntó algo un poco crudo ¿Por qué sigo vivo? Pronto encontró una respuesta, pero todas esas cosas son normales, pasa siempre. Porque los seres humanos somos poco originales hasta para las penurias. Aunque muchas veces pensamos que nuestro problema es la puta ostia y te amarga que no veas, te basta con escuchar un poco a tus amigos para darte cuenta de que eres un soso de mierda, de que tus problemas son una mierda, y sobre todo, te das cuenta, de que tus problemas están de moda. Hay gente que eso no lo entiende, pero porque no sabe escuchar.

Pasado un tiempo, este chico empezó a dar botes como los conejos, pataleando al aire y buscando conejas para todo aquello que es animal e intuitivo. Busca, desesperadamente, salir de un agujero en el que no de forma muy clara se había metido. Esto que digo lo digo muy pronto, pero todos sabemos (porque se lleva) que se tarda un poco. Depende de si eres un amargado, o un super-mega-amargado.

Kum intentó volver entonces con su amor inicial. Eso se lleva muchísimo, y es curioso, porque siempre sale mal. No fue una excepción para él.

Conejos y conejas. Vamos, que se acabó aburriendo. Porque, por desgracia, no somos conejos.

Ahora Kum, ya es por fin la inspiración de las películas románticas. Sus pupilas siempre están dilatadas, su corazón siempre está latiendo, su miembro siempre está erecto, su página de contactos de internet ahora está en favoritos, su teléfono móvil y su dirección de Hotmail siempre están disponibles. Sí, de repente mucha gente nueva ya tiene tu dirección de Hotmail. La mitad de ellos en realidad no le importan nada a Kum, pero al mismo tiempo está enamorado de todos. Sus sentimientos están continuamente a flor de piel deseosos de desembarcar. No sabe lo que quiere, pero lo siente todo. La etapa de moda de los veinteañeros. (Si alguien lee esto y se siente identificado, e incluso si piensa que estoy hablando de él, ¡que no se preocupe! Está de moda)

Pero Kum había decidido una cosa por fin: Que sería sincero consigo mismo, y que, ante todo lo demás, por encima de todo lo demás, haría lo que quiere hacer. Entendió que no podía hacer cosas a los demás con las que él se hubiera sentido mal si se las hicieran. Entendió que intentar hacer que el cielo sea verde cuando es azul es antinatural, y eso no le gustaba a Kum. A Kum le gustaba decir por ahí que no somos lo que hicimos, si no lo que aprendimos haciéndolo.

Kum no era especial. Kum estaba a la moda.

Cualquier parecido con la realidad está basado en hechos absolutamente reales y comprobables. (Ventajas de escuchar a la gente)

martes, 19 de enero de 2010

La Locura de Lana.

Una progresión de notas disonates puestas de forma desordenada e ilógica. Una melodía sin razón de ser, un sin sentido oculto en lo más profundo de todo, donde no se llega por la vía del espíritu. Un niño creado entre lobos, una idea creada en un mundo sin compasión, donde el dolor que importa es el que sale del ombligo. Un niño que jamás se vio reflejado en el espejo de nadie. Un homúnculo. Un destino guiado por la ceguera del sufrimiento. Una forma de ser autodestructiva, y destructiva, que aparece en las ciudades de la sensación para acabar con sus cimientos y hacerla caer, caer a lo más hondo de una incertidumbre, de un pozo con un fondo muy incierto, de un abismo oscuro y nublado.

Romper tus propios pensamientos es como romper tu propia piel, y dejarse llevar por el mareo del desangrarse. Hacer lo que no se quiere hacer por no saber cómo hacer nada. Hacer daño a quien más se quiere. Cosas que no se entienden. Es para volverse loco.

jueves, 14 de enero de 2010

La pesadilla de Baltasar.

"Tenemos que matarle hoy".


Baltasar era arquitecto y había ido esa mañana a la catedral para hacer un estudio, y había escuchado esa frase de una mujer que se encontraba en la puerta trasera, junto con tres de sus amigas. Al acercarse él a ellas y entrar por la puerta, ellas callaron de pronto, y le miraron serias. Baltasar hizo como que no había escuchado nada, simplemente saludó, y entró.


Ellas eran amigas de una antigua novia suya, que hacía tiempo que no veía ni sabía nada. Pero recuerda muy bien que su ruptura no fue fácil para ella. Él siempre se ha sentido en parte culpable de aquel dolor.


Mientras tomaba notas de un muro deteriorado dentro de la catedral, una especie de eco llegó a sus oídos. Una frase que tal vez escuchó con demasiada claridad:


"Tenemos que matar al arquitecto".


Sintió un miedo repentino inesperado. Sí, tal vez, ellas querían vengarse. Tal vez ellas querían vengar las lágrimas que su amiga una vez dejó caer por él.


Al mediodía, Baltasar volvió a casa. Ellas ya no estaban allí.


Ese día, abrió la puerta de su piso un poco más lento de lo normal, y miró dentro antes de abrir del todo. Cerró la puerta y se mantuvo quieto cinco segundos para escuchar el silencio que invadía su hogar. Se aseguró de que el silencio fuera el mismo de siempre.


Mientras hacía la comida y mientras la comía, apenas podía escuchar la televisión, pues su mente se empeñaba en percibir cualquier cosa que se escuchara por encima de los altavoces. Subió el volumen, pero su mente siguió buscando en el silencio del pasillo.


Su mente le seguía repitiendo que "Tenemos que matar al arquitecto".


Pronto su paranoia se convirtió en verdadero miedo, así que decidió que no iría a esa catedral hoy. Pero tal vez alguien podía llamar para preguntar por qué no había ido. Así que apagó el móvil, y desconectó el teléfono. Alguien podía mirar a su ventana y ver que estaba abierta, así que la cerró. Se metió en su habitación, él no estaba hoy para el mundo. Se hizo oscuro pronto, pero él apagó las luces -alguien podría verlas desde fuera, aun con las ventanas cerradas. ¿Y si de verdad ellas querían matarle? Entonces vendrían a por él. Sí, vendrían. Así que cogió la mesa del comedor y la estampó contra la puerta de entrada. Ahora no se podía abrir.


Baltasar estaba en su cama, tapado con las mantas hasta la cabeza, pasando calor, cuando alguien llamó a la puerta.


Llamaba con energía. Y pronto se alzó una voz:

"Sabemos que estás ahí Baltasar, sal con nosotras".


Se tapó aun más y se mantuvo en silencio. Haría como que no está, y punto, así pronto se irían.

Traquearon más fuerte.


"No te escondas, sólo venimos a por ti".


Seguían traqueando.

Pero pocos minutos después, dejaron de hacerlo. Así que la casa se envolvió en silencio de nuevo. Había silencio en la casa, y pesar en el corazón de Baltasar.


Luego escuchó algo. Al principio no estaba seguro, pero cada vez lo estaba más. Había alguien en el pasillo que se acercaba a su habitación. Había pasos. Había presión en su garganta, y deseaba que sólo fuera su imaginación. Pero su deseo se desvaneció cuando el pomo de la puerta de su habitación giró, y se abrió. Aparecieron cuatro sombras en la oscuridad. Él grito y encendió la luz, y allí estaban las cuatro mujeres que había visto esa mañana en la catedral. Siguió gritando y maldiciendo.


"¿Qué coño estáis haciendo aquí?"


Ellas no hablaban, sólo se acercaban a él, le cogían cada una de cada extremidad y él no podía hacer nada. Gritó con fuerza pidiendo ayuda, pero nadie parecía escucharle. Siguió gritando cuando le sacaron de casa (la mesa del comedor que había puesto en la puerta estaba misteriosamente en su sitio de siempre), y siguió gritando en la calle cuando le metieron en un coche, y nadie parecía escucharle. Le llevaron a la catedral de nuevo.


"Baltasar, no has hecho bien en no venir hoy, tienes que acabar tu trabajo".


Baltasar decía cosas, pero nada de eso importaba a las mujeres.

Le plantaron detrás del altar. Allí había una gruesa puerta de madera que no estaba por la mañana. Le empujaron contra ella.


"Ábrela, pero ten cuidado, porque algo podría dañarse".


Aunque al principio se resistió a hacerlo, al final acabó abriéndola. Allí había una escalera que bajaba en espiral, a unas catacumbas quizás, no podía saberlo. Ellas le empujaron dentro, y le avisaron de algo.


"Cuando cerremos, ninguna voz podrá superar esta puerta, y ninguna fuerza podrá romperla. Baja hasta abajo, y busca allí tu destino".


"No", dijo él. Pero era demasiado tarde. Habían cerrado la puerta y él estaba encerrado. Pasaron largos minutos de, gritos, y de, oscuridad, y de, miedo,... hasta que la escalera empezó a aclararse poco a poco. Había una luz allí abajo.


Bajó las escaleras. Aquello era más profundo de lo que se esperaba.


Pisó el primer peldaño de abajo. Apareció ante él una enorme sala, que casi emulaba la cámara principal de la parte de arriba de la catedral. Sólo que allí no había bancos, y la luz no venía del sol atravesando las ventanas, si no de antorchas que palpitaban a lo largo de todos los muros.


Entró en la sala.


Sus pasos retumbaban y producían ecos infinitos. Miró al fondo. Había alguien allí, a lo lejos. Dijo Baltasar:


"¿Quién hay ahí?"


Entonces se escuchó algo indefinido. No eran exactamente pasos, era un traquear de maderas. Maderas podridas. Y aquel ser se movía. Se acercaba a Baltasar balanceándose como si estuviera ebrio.


Miró a su rostro, y palideció.


Era el rostro de lo que fue su novia. La amiga de las personas que lo metieron en este agujero. Pero su rostro no estaba entero. Su ojo izquierdo pandeaba fuera de su órbita sujeto por unas finas terminaciones nerviosas. La parte inferior de la mandíbula parecía estar colgada de los colgajos de la piel de la cara. Un cuchillo estaba clavado en su esternón. Uno de sus pechos había sido amputado como si lo hubieran cogido, apretado, y estirado sin compasión. No había signos de que estuviera vestida. Ni viva.


Ella se acercaba a él. Él estaba paralizado por el miedo. Maderas podridas.


Su mano derecha era un muñón, donde tenía clavada una larga estaca de madera que golpeaba en el suelo y producía ese ruido de madera podrida. Andaba con las piernas abiertas. Su entrepierna estaba destrozada, sangrante, casi inexistente, un círculo de dolor.

Verticalmente tenía clavada, en lo que fuera antes su sexo, una enorme estaca, que llegaba al suelo y atravesaba su cuerpo por la espalda, elevándose al aire, roja, grotesca. Todo indicaba que su locura le llevó a un onanismo mortal cuyo dolor impidió a su alma emigrar de este cuerpo surgido de infierno terrenal.


Intentaba comunicarse, hablaba con sílabas largas, rasgadas, como si sus cuerdas vocales fueran lijas. Ronquidos agudos y burbujeantes en sangre. Y entre inconfundibles sonidos como rugidos y balbuceos, Baltasar pudo entender una palabra:


"A.... MA.... ME...."






miércoles, 6 de enero de 2010

La fabulosa historia de Lana.

Lana era una chica que nació preciosa, como todos los bebés del mundo. Llegó sana a la adolescencia, pero con un defecto muy cruel para ella. Era fea. En realidad no me importa si era demasiado delgada o demasiado gorda, la cuestión es que la pobre, pues eso, era fea. Muy pronto empezó a verse discriminada por sus compañeros y aprendió en seguida qué era la soledad. Se asustó de una sociedad repugnante, así que se encerró en el cubículo de su habitación a desarrollar cada una de sus aficiones y a cumplir con su función, que era simplemente estudiar. Sacó las mejores notas, y pronto fue la mejor jugando al ajedrez y otras cosas similares que no se ejecutaban necesariamente en compañía de otros. Lana siguió creciendo, y cuando alcanzó su madurez física, su cuerpo dio un giro repentino. Ahora su físico era más que deseable, y aunque tardó algún tiempo en darse cuenta, cuando lo hizo, pronto empezó a usar su nueva arma. Hizo sobre todo amigos que querían algo más de ella. Supo que era el centro de atención, y supo, que podría controlar a casi todos ellos. Se volvió celosa mientras tenía una relación. Se volvió más controladora, y deseó tener el poder de las acciones de las personas que estaban a su alrededor. Algo en su fuero interno había resurgido, algo parecido a la venganza. "Puedo hacer lo que quiera". Y así lo hizo. Se olvidó de que las personas tienen sentimientos, y se olvidó de que ella una vez también los tuvo. Dejó de amar, y empezó a usar. Empezó a cazar. Nadie se daba cuenta de nada porque Lana ahora era guapa, simpática e inteligente. Dejó de sentir por los demás, porque ellos nunca habían sentido por ella. Había caído en el error que cometemos al odiar. Había caído en el error de tener miedo a quedarse sola de nuevo, así que ataba a los demás. Decía "te quiero" a los que le decían "te quiero" para tenerles ahí cogidos de los cataplines. Incluso le decía "te quiero" a más de dos. Incluso se dejó amar tranquilamente de quien ella no amaba, sólo porque era divertido, sólo porque quería una colección a la que acudir en caso de que alguien le rechazara.

Lana sabía que si los demás supieran cómo era ella de verdad, la abandonarían. Lana cometía errores continuamente porque tenía miedo. Lana tenía un problema que no sabía solucionar.