martes, 25 de diciembre de 2012
La familia y los emigrantes
miércoles, 4 de julio de 2012
Las buenas personas
Las personas somos buenas, tanto por naturaleza como por conveniencia, porque no podemos ser felices si no lo son los de nuestro alrededor.
sábado, 9 de junio de 2012
Huellas sobre el polvo
domingo, 8 de enero de 2012
Gafas oscuras en plena noche
Se ruega la presencia del excelentísimo señor don Fernando.
Se ruega la presencia de Fernando.
Y ahora, que alguien me explique qué diferencia hay entre esas dos frases. Porque, comprobado con mi búsqueda en la real academia española, excelentísimo no es más que un “Tratamiento de respeto y cortesía”. Que no se ofenda el excelente (porque nadie duda de que sea excelente, ilustrado y buenísima persona), señor, y don, Fernando, si resumo en la segunda frase el “tratamiento” de cortesía.
Tratamiento que se prolonga tanto en tiempo de pronunciación como en longitud de escritura, más que el propio nombre. Fernando.
No me extrañaría en absoluto que alguien olvidara el nombre que quería decir después del larguísimo tratamiento.
No me extraña que a veces olvidemos a dónde queremos ir, si queremos decorar el camino de ida hasta hacerlo prácticamente inútil. Un camino que siempre es empinado, lleno de rocas y peligros, que pretendemos hacer en zapatos, traje y corbata, y además queremos hacerlo sin ensuciar ninguno de esos lastres. ¡¡¡Como si quisiéramos llevarlos!!!

viernes, 18 de febrero de 2011
Hasta el último segundo.
sábado, 15 de enero de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
Humo fuera!!
Aun se puede fumar en las terrazas de los bares y en las colas de los cines. Yo también lo prohibiría, pues no sería la primera vez que me he tenido que tragar el humo del fumador que estaba sentado en la mesa de al lado. Aunque es cierto que eso sería excesivo, ya que esta ley no pretende prohibir simplemente. Lo que pretende es que la gente deje de fumar, o que por lo menos, deje de molestar en lo posible a los no fumadores. Y en definitiva, lo que pretende, es fijar más y mejor en la conciencia de las personas que, si fumas, molestas.
Una excusa que suelen usar los fumadores en contra de esta ley, es que muchos bares tendrán que cerrar, ya que los que solían frecuentarlos eran fumadores. Es posible que se "desmotive" al 30% que fuma a ir a los bares, pero también se "motiva" al 70%. Muchos fumadores dicen, a mi entender con cierto aire infantil: "pues ya no iré al bar a tomar mi caña y me la tomaré en mi casa". Yo estoy seguro de que acabarán bajando al bar, tarde o temprano, fume o no fume.
Si la gente deja de fumar, dejarán de gastarse esos millones de euros comprando cajetillas, y el gobierno dejará de ganar los impuestos que ganan con el tabaco, y tendrán que añadirlos a otras cosas. Puede ser, pero también se ahorrarán muchos millones en salud pública (ya que tendremos una sociedad más sana) y podrán invertirlos en otra cosa.
En su momento, salió esa ley que obligaba a los establecimientos a dividir las estancias entre fumadores y no fumadores. Me parece que aquello fue un error del gobierno, en su intento de llegar a este punto paulatinamente. Y como error que es, si el mundo fuera justo, los bares que invirtieron en las separaciones deberían ser indemnizados.
Hay quien dice que el humo del tráfico también es nocivo para nosotros, y que sin embargo eso no lo prohíben a pesar de ser incluso más nocivo que el tabaco. Y bien, aludiendo a Michael Ende digo que, el humo del tráfico y de las industrias es otro problema, y deberá resolverse en otra ocasión.
Otra forma de verlo, es pensar que los bares son lugares "privados", y por lo tanto, si es privado, uno podría fumar igual que lo puede hacer en su casa, y dejar que fume quien quiera. Pero legalmente no es exactamente así (he querido enterarme cómo es exactamente, pero ya me enteraré otro día), ya que eso correspondería a otra forma de gobierno, capitalista en extremo. Está claro que en una habitación pública un fumador no tiene cabida (menos en las cárceles, que sí la tiene), pero si es privada, es otra cosa.
Mucha ley, mucho pensar, y muchas buenas intenciones (así quiero verlo yo), pero la ley ha de hacerse cumplir, y según tengo entendido, en algunos sitios se respeta, y en otros no. En principio, no debería fumarse en sitio cerrados porque molestas, y en segundas, ahora además no debes fumar porque está prohibido, por lo tanto quien decida ir a un bar/discoteca y encenderse un pitillo me parece que es, simple y llanamente, GILIPOLLAS.
jueves, 30 de diciembre de 2010
El árbol que cayó y nadie lo escuchó
lunes, 20 de diciembre de 2010
Mi conciencia y yo.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Y así el hombre...
Y así el hombre encerrado en su propia crisálida, espero la muerte...
viernes, 17 de diciembre de 2010
Decadencia.
La desesperación irrumpió en el hogar de la dulce ilusión, y guió a su capitán por los caminos de la decadencia, lo pobre y la podredumbre, el moho, los ecos vacíos, arenas movedizas y nubes tóxicas que impregnan la ropa y la manchan de tintes y olores permanentes e indestructibles como la propia destrucción de los tejidos vivos.
Desolador redil de los sueños rotos.
sábado, 14 de agosto de 2010
de los buenos...
decidí ...
... aunque ello supusiera creerme parcialmente arrogante por dar cierta mi dualidad.
... imaginando que veía mi vida desde fuera, como un libro, o una película.
decidí ...
... teniendo en cuenta que cada momento se repite una otra y vez en la eternidad.
... pretendiendo crear a mi alrededor un aura de bienestar.
decidí ...
... con cordura o sin ella, como un patoso o una potencia de las finanzas.
... con lástima, con muerte y con lo que fuera, pero siempre con bondad.
decidí ...
... aunque ello supiera la negación de realizar mis deseos.
... aunque a mi alrededor se desate el miedo, el odio y la absoluta destrucción de todo.
decidí ...
... aunque sepa que jamás recibiré nada a cambio.
... aunque me sienta perdido y solo.
así pues, decidí...
...que yo siempre sería de los buenos.
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| Quiero una maleta así de grande!!!! |
domingo, 16 de mayo de 2010
XD
viernes, 7 de mayo de 2010
Atención!
Una buena mentira, se lleva siempre hasta el final.
"¿Se ha caído algo Lana?"
"No, no te preocupes" -la voz de Lana llegó a los oídos de su madre a través del pasillo.
Así, su madre pudo seguir leyendo.
Media hora después, la madre se asomó al cuarto de Lana, para comprobar que seguía estudiando.
"¿Estudias, Lana?"
"Claro, mamá"
Entonces Lana sacó de debajo de sus apuntes una hoja donde se estaba dibujando a sí misma, con un chico. Iban cogidos de la mano. Pronto, de nuevo la voz de su madre:
"¡Lana! ¡Ven al comedor ahora mismo!"
Ella fue.
"¿Qué es esto?" -Decía su madre, señalando un trozo pequeño de cristal que había debajo de un mueble de salón.
"Es del jarrón de cristal que me regaló tu abuelo cuando fue a Venecia. ¿Lo has roto?"
"No, yo no he hecho nada, ¿por qué tengo que ser yo siempre?"
"Porque ahora mismo sólo estamos tú y yo en la casa, y antes he escuchado algo romperse. Sabes que me gusta mucho ese jarrón y que significa mucho para mi. ¿Por qué no me has dicho que lo habías roto?".
"Pero que yo no he roto nada. ¿De qué jarrón me hablas?" -Insistía Lana.
"No te hagas la boba, ese jarrón ha estado en esa estantería siempre y ahora no está. ¿Dónde está el jarrón?"
"¡Y yo qué sé! ¡Tú sabrás lo que haces con tus cosas!" -Así Lana intentaba evadir el tema.
Su madre se dirigió a la cocina y miró en la basura, y dentro de algunos cajones. No encontró nada.
"Algo habrás hecho con el resto de los cristales" -dice su madre.
"Que yo no he roto nada ¿Por qué no me crees? ¡Siempre tienes que desconfiar de mi!"
"Lana, que antes de irme a mi cuarto el jarrón estaba ahí. ¿Cómo ha podido desaparecer solo?"
"¡Estás loca mamá, déjame en paz!"
Su madre se puso a mirar donde estaba el jarrón, por si encontraba alguna pista. Conociendo a Lana como la conocía, no comprendo cómo aun podía dudar de que, efectivamente, había sido Lana la que había roto el jarrón. Así era Lana, muy convincente. Y cobarde.
Al día siguiente, Lana se iba al colegio con su mochila en la espalda. Su madre se acercó a ella y quiso abrirle la mochila para meterle el almuerzo. Ella se apartó.
"¿Qué pasa Lana?"
"Que... hoy no almuerzo"
"A ver, ¿Por qué no almuerzas?"
"Es que llego tarde mamá, hasta luego" Lana salió corriendo de casa, haciendo caso omiso de los gritos de su madre pidiéndole que volviera. Y así, el jarrón desapareció para siempre.
Más tarde, su madre encontró pequeños trozos de vidrio dentro de la mochila de Lana. Ya no volvió a confiar en ella jamás. No le dijo que los había encontrado. Y es que, había perdido la esperanza.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Canción de Lana.
-Sí, me encantaría.
Entonces Edu abrió la puerta del edificio para salir al jardín, y esperó unos minutos. Lana no apareció, así que volvió a por ella. Estaba sentada en una mecedora, leyendo.
-Ey Lana, ¿No habíamos quedado para dar una vuelta por el jardín?
-Ah sí, es verdad. Pero me encontré con este libro y esta cómoda mecedora, y decidí sentarme un rato. Pero podemos ir ahora, ¿Vamos?
-¡Claro que sí!
Salieron al jardín y pasearon por su lindero, limitado por una valla. Al otro lado estaba mar, que golpeaba las rocas del acantilado y dejaba en el aire una humedad y un olor agradables.
-¿Te gusta el mar, Lana?
-Me encanta Edu. Me gustaría un día tomar un barco y cruzarlo entero.
-Pero el mar es muy amplio.
Entonces ella guardó un silencio incómodo. Él le tocó del pelo, y le dijo:
-Me caes bien- Lana contestó:
-Yo cruzaré el mar en barco, me da igual lo que me digas. Deja de decirme lo que tengo que hacer.
-No te entiendo Lana, ¿Qué quieres decirme con eso?
-Paso de que dudes de mí.
-Yo no he dicho que dude de ti. He dicho que el mar es muy amplio. ¿Puedes entender lo que yo pienso? ¿Puedes ponerte en mi lugar?
Lana se dio la vuelta y se fue sin contestar, silvando una canción alegre. La espuma del mar fue tras ella con el viento, diciéndole adiós.
sábado, 6 de febrero de 2010
Kum
Para llegar hasta allí, Kum tuvo que estar enamorado unos años. Enamorado de ese primer amor que se dice que es para siempre, pero es mentira. Pero es, tal vez, el más inocente, puede que el más sincero, el más cutre, el más pomposo, el más irremediablemente vergonzoso. Aquella relación se pasó. Porque se lleva que ese tipo de relaciones pase. Es la moda. Entonces lloró, y se preguntó algo un poco crudo ¿Por qué sigo vivo? Pronto encontró una respuesta, pero todas esas cosas son normales, pasa siempre. Porque los seres humanos somos poco originales hasta para las penurias. Aunque muchas veces pensamos que nuestro problema es la puta ostia y te amarga que no veas, te basta con escuchar un poco a tus amigos para darte cuenta de que eres un soso de mierda, de que tus problemas son una mierda, y sobre todo, te das cuenta, de que tus problemas están de moda. Hay gente que eso no lo entiende, pero porque no sabe escuchar.
Pasado un tiempo, este chico empezó a dar botes como los conejos, pataleando al aire y buscando conejas para todo aquello que es animal e intuitivo. Busca, desesperadamente, salir de un agujero en el que no de forma muy clara se había metido. Esto que digo lo digo muy pronto, pero todos sabemos (porque se lleva) que se tarda un poco. Depende de si eres un amargado, o un super-mega-amargado.
Kum intentó volver entonces con su amor inicial. Eso se lleva muchísimo, y es curioso, porque siempre sale mal. No fue una excepción para él.
Conejos y conejas. Vamos, que se acabó aburriendo. Porque, por desgracia, no somos conejos.
Ahora Kum, ya es por fin la inspiración de las películas románticas. Sus pupilas siempre están dilatadas, su corazón siempre está latiendo, su miembro siempre está erecto, su página de contactos de internet ahora está en favoritos, su teléfono móvil y su dirección de Hotmail siempre están disponibles. Sí, de repente mucha gente nueva ya tiene tu dirección de Hotmail. La mitad de ellos en realidad no le importan nada a Kum, pero al mismo tiempo está enamorado de todos. Sus sentimientos están continuamente a flor de piel deseosos de desembarcar. No sabe lo que quiere, pero lo siente todo. La etapa de moda de los veinteañeros. (Si alguien lee esto y se siente identificado, e incluso si piensa que estoy hablando de él, ¡que no se preocupe! Está de moda)
Pero Kum había decidido una cosa por fin: Que sería sincero consigo mismo, y que, ante todo lo demás, por encima de todo lo demás, haría lo que quiere hacer. Entendió que no podía hacer cosas a los demás con las que él se hubiera sentido mal si se las hicieran. Entendió que intentar hacer que el cielo sea verde cuando es azul es antinatural, y eso no le gustaba a Kum. A Kum le gustaba decir por ahí que no somos lo que hicimos, si no lo que aprendimos haciéndolo.
Kum no era especial. Kum estaba a la moda.
Cualquier parecido con la realidad está basado en hechos absolutamente reales y comprobables. (Ventajas de escuchar a la gente)
martes, 19 de enero de 2010
La Locura de Lana.
Romper tus propios pensamientos es como romper tu propia piel, y dejarse llevar por el mareo del desangrarse. Hacer lo que no se quiere hacer por no saber cómo hacer nada. Hacer daño a quien más se quiere. Cosas que no se entienden. Es para volverse loco.
jueves, 14 de enero de 2010
La pesadilla de Baltasar.
Baltasar era arquitecto y había ido esa mañana a la catedral para hacer un estudio, y había escuchado esa frase de una mujer que se encontraba en la puerta trasera, junto con tres de sus amigas. Al acercarse él a ellas y entrar por la puerta, ellas callaron de pronto, y le miraron serias. Baltasar hizo como que no había escuchado nada, simplemente saludó, y entró.
Ellas eran amigas de una antigua novia suya, que hacía tiempo que no veía ni sabía nada. Pero recuerda muy bien que su ruptura no fue fácil para ella. Él siempre se ha sentido en parte culpable de aquel dolor.
Mientras tomaba notas de un muro deteriorado dentro de la catedral, una especie de eco llegó a sus oídos. Una frase que tal vez escuchó con demasiada claridad:
"Tenemos que matar al arquitecto".
Sintió un miedo repentino inesperado. Sí, tal vez, ellas querían vengarse. Tal vez ellas querían vengar las lágrimas que su amiga una vez dejó caer por él.
Al mediodía, Baltasar volvió a casa. Ellas ya no estaban allí.
Ese día, abrió la puerta de su piso un poco más lento de lo normal, y miró dentro antes de abrir del todo. Cerró la puerta y se mantuvo quieto cinco segundos para escuchar el silencio que invadía su hogar. Se aseguró de que el silencio fuera el mismo de siempre.
Mientras hacía la comida y mientras la comía, apenas podía escuchar la televisión, pues su mente se empeñaba en percibir cualquier cosa que se escuchara por encima de los altavoces. Subió el volumen, pero su mente siguió buscando en el silencio del pasillo.
Su mente le seguía repitiendo que "Tenemos que matar al arquitecto".
Pronto su paranoia se convirtió en verdadero miedo, así que decidió que no iría a esa catedral hoy. Pero tal vez alguien podía llamar para preguntar por qué no había ido. Así que apagó el móvil, y desconectó el teléfono. Alguien podía mirar a su ventana y ver que estaba abierta, así que la cerró. Se metió en su habitación, él no estaba hoy para el mundo. Se hizo oscuro pronto, pero él apagó las luces -alguien podría verlas desde fuera, aun con las ventanas cerradas. ¿Y si de verdad ellas querían matarle? Entonces vendrían a por él. Sí, vendrían. Así que cogió la mesa del comedor y la estampó contra la puerta de entrada. Ahora no se podía abrir.
Baltasar estaba en su cama, tapado con las mantas hasta la cabeza, pasando calor, cuando alguien llamó a la puerta.
Llamaba con energía. Y pronto se alzó una voz:
"Sabemos que estás ahí Baltasar, sal con nosotras".
Se tapó aun más y se mantuvo en silencio. Haría como que no está, y punto, así pronto se irían.
Traquearon más fuerte.
"No te escondas, sólo venimos a por ti".
Seguían traqueando.
Pero pocos minutos después, dejaron de hacerlo. Así que la casa se envolvió en silencio de nuevo. Había silencio en la casa, y pesar en el corazón de Baltasar.
Luego escuchó algo. Al principio no estaba seguro, pero cada vez lo estaba más. Había alguien en el pasillo que se acercaba a su habitación. Había pasos. Había presión en su garganta, y deseaba que sólo fuera su imaginación. Pero su deseo se desvaneció cuando el pomo de la puerta de su habitación giró, y se abrió. Aparecieron cuatro sombras en la oscuridad. Él grito y encendió la luz, y allí estaban las cuatro mujeres que había visto esa mañana en la catedral. Siguió gritando y maldiciendo.
"¿Qué coño estáis haciendo aquí?"
Ellas no hablaban, sólo se acercaban a él, le cogían cada una de cada extremidad y él no podía hacer nada. Gritó con fuerza pidiendo ayuda, pero nadie parecía escucharle. Siguió gritando cuando le sacaron de casa (la mesa del comedor que había puesto en la puerta estaba misteriosamente en su sitio de siempre), y siguió gritando en la calle cuando le metieron en un coche, y nadie parecía escucharle. Le llevaron a la catedral de nuevo.
"Baltasar, no has hecho bien en no venir hoy, tienes que acabar tu trabajo".
Baltasar decía cosas, pero nada de eso importaba a las mujeres.
Le plantaron detrás del altar. Allí había una gruesa puerta de madera que no estaba por la mañana. Le empujaron contra ella.
"Ábrela, pero ten cuidado, porque algo podría dañarse".
Aunque al principio se resistió a hacerlo, al final acabó abriéndola. Allí había una escalera que bajaba en espiral, a unas catacumbas quizás, no podía saberlo. Ellas le empujaron dentro, y le avisaron de algo.
"Cuando cerremos, ninguna voz podrá superar esta puerta, y ninguna fuerza podrá romperla. Baja hasta abajo, y busca allí tu destino".
"No", dijo él. Pero era demasiado tarde. Habían cerrado la puerta y él estaba encerrado. Pasaron largos minutos de, gritos, y de, oscuridad, y de, miedo,... hasta que la escalera empezó a aclararse poco a poco. Había una luz allí abajo.
Bajó las escaleras. Aquello era más profundo de lo que se esperaba.
Pisó el primer peldaño de abajo. Apareció ante él una enorme sala, que casi emulaba la cámara principal de la parte de arriba de la catedral. Sólo que allí no había bancos, y la luz no venía del sol atravesando las ventanas, si no de antorchas que palpitaban a lo largo de todos los muros.
Entró en la sala.
Sus pasos retumbaban y producían ecos infinitos. Miró al fondo. Había alguien allí, a lo lejos. Dijo Baltasar:
"¿Quién hay ahí?"
Entonces se escuchó algo indefinido. No eran exactamente pasos, era un traquear de maderas. Maderas podridas. Y aquel ser se movía. Se acercaba a Baltasar balanceándose como si estuviera ebrio.
Miró a su rostro, y palideció.
Era el rostro de lo que fue su novia. La amiga de las personas que lo metieron en este agujero. Pero su rostro no estaba entero. Su ojo izquierdo pandeaba fuera de su órbita sujeto por unas finas terminaciones nerviosas. La parte inferior de la mandíbula parecía estar colgada de los colgajos de la piel de la cara. Un cuchillo estaba clavado en su esternón. Uno de sus pechos había sido amputado como si lo hubieran cogido, apretado, y estirado sin compasión. No había signos de que estuviera vestida. Ni viva.
Ella se acercaba a él. Él estaba paralizado por el miedo. Maderas podridas.
Su mano derecha era un muñón, donde tenía clavada una larga estaca de madera que golpeaba en el suelo y producía ese ruido de madera podrida. Andaba con las piernas abiertas. Su entrepierna estaba destrozada, sangrante, casi inexistente, un círculo de dolor.
Verticalmente tenía clavada, en lo que fuera antes su sexo, una enorme estaca, que llegaba al suelo y atravesaba su cuerpo por la espalda, elevándose al aire, roja, grotesca. Todo indicaba que su locura le llevó a un onanismo mortal cuyo dolor impidió a su alma emigrar de este cuerpo surgido de infierno terrenal.
Intentaba comunicarse, hablaba con sílabas largas, rasgadas, como si sus cuerdas vocales fueran lijas. Ronquidos agudos y burbujeantes en sangre. Y entre inconfundibles sonidos como rugidos y balbuceos, Baltasar pudo entender una palabra:
"A.... MA.... ME...."
miércoles, 6 de enero de 2010
La fabulosa historia de Lana.
Lana sabía que si los demás supieran cómo era ella de verdad, la abandonarían. Lana cometía errores continuamente porque tenía miedo. Lana tenía un problema que no sabía solucionar.











