viernes, 17 de diciembre de 2010

Decadencia.

Las delicadas sombras del rostro dejaron paso a la negrura, a la mugre, y al sebo repugnante, que tanto se acumulaba sobre la piel que bajo ella, rodeando el ombligo y las caderas, y bajo ellas, dejaron las pistoleras paso a los trabucos. La respiración bien aceitada y suave como un colchón de nubes ya forma parte de los archivos históricos, carcomidos por pequeños seres impertinentes, y ahora ruidosa y asmática cual moribundo en su lecho de muerte. Se olvidó pronto de la fluidez de su lengua, cuyas babas resecas han formado una masa pringosa pastosa que envuelve el músculo charlatán, como si de un abrazo de oso se tratara, inmovilizándola, agarrándola y atrayendola hacia los profundos abismos de la ruina.

La desesperación irrumpió en el hogar de la dulce ilusión, y guió a su capitán por los caminos de la decadencia, lo pobre y la podredumbre, el moho, los ecos vacíos, arenas movedizas y nubes tóxicas que impregnan la ropa y la manchan de tintes y olores permanentes e indestructibles como la propia destrucción de los tejidos vivos.

Desolador redil de los sueños rotos.

1 comentario:

Unknown dijo...

¡Desgarrador!...
Muy gráfico...
¿quien eres? has entrado en mi blog y has dejado un comentario.

besos silvia (N-a-s-a) del blog:
ABROCHENSE LOS CINTURONES QUE NOS LA DAMOS