Mientras la madre de Lana leía una revista en su cuarto, un ruido inesperado se escuchó en otra habitación de la casa.
"¿Se ha caído algo Lana?"
"No, no te preocupes" -la voz de Lana llegó a los oídos de su madre a través del pasillo.
Así, su madre pudo seguir leyendo.
Media hora después, la madre se asomó al cuarto de Lana, para comprobar que seguía estudiando.
"¿Estudias, Lana?"
"Claro, mamá"
Entonces Lana sacó de debajo de sus apuntes una hoja donde se estaba dibujando a sí misma, con un chico. Iban cogidos de la mano. Pronto, de nuevo la voz de su madre:
"¡Lana! ¡Ven al comedor ahora mismo!"
Ella fue.
"¿Qué es esto?" -Decía su madre, señalando un trozo pequeño de cristal que había debajo de un mueble de salón.
"Es del jarrón de cristal que me regaló tu abuelo cuando fue a Venecia. ¿Lo has roto?"
"No, yo no he hecho nada, ¿por qué tengo que ser yo siempre?"
"Porque ahora mismo sólo estamos tú y yo en la casa, y antes he escuchado algo romperse. Sabes que me gusta mucho ese jarrón y que significa mucho para mi. ¿Por qué no me has dicho que lo habías roto?".
"Pero que yo no he roto nada. ¿De qué jarrón me hablas?" -Insistía Lana.
"No te hagas la boba, ese jarrón ha estado en esa estantería siempre y ahora no está. ¿Dónde está el jarrón?"
"¡Y yo qué sé! ¡Tú sabrás lo que haces con tus cosas!" -Así Lana intentaba evadir el tema.
Su madre se dirigió a la cocina y miró en la basura, y dentro de algunos cajones. No encontró nada.
"Algo habrás hecho con el resto de los cristales" -dice su madre.
"Que yo no he roto nada ¿Por qué no me crees? ¡Siempre tienes que desconfiar de mi!"
"Lana, que antes de irme a mi cuarto el jarrón estaba ahí. ¿Cómo ha podido desaparecer solo?"
"¡Estás loca mamá, déjame en paz!"
Su madre se puso a mirar donde estaba el jarrón, por si encontraba alguna pista. Conociendo a Lana como la conocía, no comprendo cómo aun podía dudar de que, efectivamente, había sido Lana la que había roto el jarrón. Así era Lana, muy convincente. Y cobarde.
Al día siguiente, Lana se iba al colegio con su mochila en la espalda. Su madre se acercó a ella y quiso abrirle la mochila para meterle el almuerzo. Ella se apartó.
"¿Qué pasa Lana?"
"Que... hoy no almuerzo"
"A ver, ¿Por qué no almuerzas?"
"Es que llego tarde mamá, hasta luego" Lana salió corriendo de casa, haciendo caso omiso de los gritos de su madre pidiéndole que volviera. Y así, el jarrón desapareció para siempre.
Más tarde, su madre encontró pequeños trozos de vidrio dentro de la mochila de Lana. Ya no volvió a confiar en ella jamás. No le dijo que los había encontrado. Y es que, había perdido la esperanza.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Por eso yo hago recapitulación con Sirio y Eli desde ya... todos somos tarmposos cariño...
Eli hoy llegó por propio pié a decirme: "mami, no te vayas a enojar fuerte por favor, sólo lee la nota que te puso la maestra ya que hoy hice trampa en la escuela por algo."
Sólo porque lo dijo de esa forma, casi le levanto un monumento al niño..
Y bueno, luego vino el sermón, pero lleno de amor!
Madres de hoy...
;)
Lana necesitó una mano severa pero amorosa, no lo crees tú?
xoxoxo
Publicar un comentario