domingo, 17 de octubre de 2010

Atrabiliaria difusa lucha. I

El mundo estaba siendo azotado por una criatura. Podría decirse que se parecía a Godzilla, aunque en realidad no se parecía en nada. Era como una masa de seres florecientes y fluyentes de un centro ominoso. Pude verlo, una vez, a través de los rascacielos de la Gran Ciudad. Sentí que su propósito no era otro que el de la destrucción.

Algunos jóvenes habitantes de la ciudad nos vimos atraídos, por alguna fuerza superior que no conseguíamos entender, a la planta baja de un edificio. No sabía por qué, pero me vi comprometido en una lucha. Dos bandos se estaban enfrentando en una batalla que podría ser, o no, a muerte, y yo estaba dentro de uno de esos bandos. Por algún motivo, mi equipo sólo estaba formado por cuatro personas armadas con armas blancas, y el otro por alrededor de quince, armados con armas de fuego que yo pude verlas, y podría asegurar que la batalla ya estaba sentenciada. Sin embargo, un sentimiento emanaba de las mentes de todos nosotros. Un sentimiento de bondad y comprensión en el que dejábamos de luchar (por Dios, la lucha no tenía sentido) para unirnos y formar un gran grupo. Yo sentí la bondad como la sintieron todos los demás. No hacía falta hablarlo, todos lo sabíamos. 

En ese momento yo me escondía tras un parapeto de plástico, puesto ahí para que nosotros nos protegiéramos. Parecía un campo de paint-ball. No podía ser otra cosa que un campo de paint-ball con esos parapetos puestos de esa forma. Sólo que aquello no eran armas de juguete. Y sus manchas, si las produjeran, no serían de colorines, si no, que sólo serían de un sólo color, y todos sabíamos cual. Veía como dos de mis compañeros se atrincheraban más adelante con palos de madera, y aun más adelante, cinco o seis personas del equipo contrario viniendo hacia nosotros tras una gran y gruesa cortina que parecía separar la estancia en dos. Junto a mi estaba el cuarto compañero. Le miré, y él vio en mis ojos, no sé cómo, que yo había perdido aquel sentimiento de bondad que pudimos experimentar todos. Se asustó y debió augurar algo, pues dijo “no quiero estar aquí”, y diciendo eso salió corriendo y se fue, y nunca más volví a verle. Mucho mejor para él haberse ido, sí, muchísimo mejor. El sentimiento de bondad los había unido entre ellos. Pero no a mí.

Antes de que aparecieran junto a la cortina, yo escapé de allí (aunque en realidad no me hacía falta huir de nadie). Di un salto que se me antojó larguísimo y fui directamente a otro parapeto, alejado de allí, donde había otro luchador atrincherado. Con una barra de hierro no tardé ni dos segundos en destrozarle la cabeza y desparramar la mitad de él por todo el suelo. Seguidamente me acerqué a otra luchadora y le hice tres cuartos de la misma sangría. Todos estaban desprevenidos pues aun conservaban la bondad. Nadie esperaba que yo actuara así. Atacando a quien se pusiera en medio, de este modo, pude llegar a la otra parte de la gran sala, donde había una habitación al fondo con una puerta para entrar, y otra puerta que era una salida de emergencia del edificio. Ahora todos me miraban con ojos de odio, con ojos de “¿Qué haces? ¿Qué has hecho con el sentimiento de bondad?”

Cerca de la puerta de entrada a esa habitación, había una mesa de escritorio que podría ser la de cualquier oficina. Allí estaba una chica con el pelo moreno liso hasta los hombros, no era alta, y permanecía sentada. Le miré a los ojos y pude ver que había algo distinto en ellos. Podrían ser como unos ojos cualesquiera, como el resto de ojos del resto de seres humanos que había en esa sala en ese momento, pero en realidad era como ver un punto rojo mezclado entre cientos de puntos blancos. Sus ojos no tenían odio, ni miedo hacia mí. Tenían preocupación, pues albergaba algo en ella que no quería perder, un sentimiento de cariño. Diría que había amor en ellos. Pedía a gritos que esto acabara.

Me acerqué a la puerta, y sobre una mesa había una capa negra. Entré en el cuarto, y me la puse. Sentí por un momento que yo había sido seleccionado para un fin desconocido. Sentí que yo era el “verdadero ser negro”, la verdadera maldad, y no todos esos villanos de las historias. Yo era el “ideal” de maldad. Me dirigí a una esquina oscura del cuarto y me senté, ocultándome con la capa.

 Esperé unos minutos, y sentí algo de miedo, pues tal vez ellos vendrían a por mí. Pero yo sabía que ellos estaban esperando a que yo saliera. Se estaban preparando para una lucha contra mí… 
...continuará.

4 comentarios:

Pau dijo...

Mola la escena de lucha, pero primero dices que se parapeta detrás de un elemento de plástico y después que sale de una cortina...estas perdiendo facultades, céntrate en hacer la letra!!!!!!!!(ya sabes a lo que me refiero ;) )

Ka_ dijo...

Bueno, él está tras el parapeto, los otros salen desde detrás de una cortina. Explico: es el relato de un sueño, y las cosas que no tenían sentido he pretendido (modificando un poco el sueño) que lo tuvieran, pero no siempre es fácil, XD.
La segunda parte ya está escrita, la colgaré en breve.

Pau dijo...

ya me lo suponía...
"En la ciudad de los sueños, donde nunca ha habido dueño y la gente se mira al pasar, no hay mierda king ni mierda donals, tampoco culo cola, y las calles las ponen a una hora más normal" (Reincidentes, en la ciudad de los sueños)

Pau dijo...

"Y la paz reinó y el amor venció
Y felices dormían sin temor
Y la paz reinó y el amor venció
Y a las perdices nadie se las comió"
(la misma cancion, pero en el estribillo)