Qué bonito es seguir soñando, uno nunca encuentra el momento oportuno para dejar de soñar. A veces, el autor comienza a relatarnos pensamientos más reales que fantásticos. Son esos momentos en los que el protagonista ve reducida su moral y duda de si conseguirá o no concluir su propósito - Y yo sigo luchando, pero todo sigue igual que siempre-. Un recurso literario que hace atar momentáneamente la ficción con la realidad. Al mismo tiempo, el lector también duda - Cómo que no lo conseguirá? Eso es imposible-. Por un momento el autor es realista, y esa realidad-ficción hace al relato imposible. Imposible dejar de leer. Piensas brevemente que no quieres que el protagonista salga victorioso, porque hace al relato real. Pero no deja de ser un cuento y una fantasía. Así, aunque no te explicas cómo ocurrió, siempre sale adelante. Y es que en las fantasías sale siempre tan bien...
Pero a veces soñar trae consigo un peligro que no suele ser previsible -Lo es, siempre-. Al ser una irrealidad, uno no se plantea que el peligro se convierta en real -Esa gárgola maléfica no puede salir de las páginas del libro, eso es absolutamente imposible-. Hasta que un día te ves teniendo que plantar cara a tus sueños, y luchando tú mismo contra tus demonios, para defender la realidad.
Pero qué bonito es soñar libre y sin miedo.
Quisiera, yo, como todo el mundo, pero yo, siempre yo,
pidiendo como un niño consentido, ego-yo, yo, y mi ego desfavorecido.
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1 comentario:
Jajajaja, y hay gente que sigue sin percibir la realidad xD
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