martes, 25 de diciembre de 2012

La familia y los emigrantes

Tocaba la guitarra para que la hija de mi prima cantara villancicos. La primera niña de la nueva generación. El familiar con la edad más parecida a ella es mi hermana, con una diferencia de 19 años. Quiero decir con esto, que es la "niña" de la familia, y por tanto, la niña de muchos ojos, una hermosa joya (no sabía cómo decirlo para que no sonara cursi, pero es que es así, la niña más querida del mundo). Pues eso, estaba yo tocando la guitarra para ella, villancicos, cuando mi primo político me dice "tócate un solo de esos heavies". En eso que me dispongo a tocarle el famoso riff de "smells like teen spirit" de Nirvana, con la distorsión del amplificador al máximo y más allá. Yo casi esperaba que no le gustara, pensé "pues hago la gracia y sigo con los villancicos", y cuando me la veo, sin más, meneando la cabeza al más puro estilo heavy metal, casi se me cae la baba, el alma, y todas las cutrezas derivadas posibles. 

Ninguno de nosotros le dijo cómo se bailaba eso, simplemente lo hizo porque sí. Vale, que es imposible que una niña se ponga a bailar heavy metal sin que nadie le haya explicado algo, que seguramente lo haya aprendido en el colegio, pero oye, fue un shock. 

Y después de ese encontronazo sentimental, me quedé meditabundo un rato. Pensaba en la felicidad y la familia. Siempre he pensado que la familia era importante. Te dan de comer, te pagan los estudios si hace falta, te dan los regalos de navidad. Fíjate si es importante. Pero a parte de esas necesidades satisfechas por tus padres, no solía pensar en "la familia" como algo más. Simplemente era una parte de tu vida, que luego puedes más o menos dejar un poco de lado para dedicarte a tus cosas, tu otra familia, tu trabajo, etc. La familia eran esas personas a las que tienes que ver a la fuerza en la cena de nochebuena. 

Con ese pensamiento, y con el marco de la crisis española, parece que no sea ninguna locura decidir tomar una avión para ir a otro país donde puedas encontrar tu trabajo, tu otra vida. Alejarse de la familia para buscar trabajo casi queda "guay", casi parece que te hace listo, o emprendedor, o europeo. Ya he vivido una conversación muy parecida a esta: "He encontrado trabajo en Finlandia, me voy el mes que viene. Me pagarán de puta madre", "¿Si? Joder, qué envidia, me gustaría hacer lo mismo". Pues a mi no me daba envidia. A mi no me gustaría irme de mi país para buscar trabajo. A lo mejor es que yo me llevo especialmente bien con mi familia. A lo mejor es que para mi una cena de nochebuena no es algo obligatorio, si no algo que hago con mucho gusto. 

El pensamiento habitual de las personas, es que para realizarse a uno mismo, a veces hay que hacer sacrificios. Si para ser autosuficiente, o simplemente para sentirse bien, para no sentirse un estorbo, tienes que alejarte de las personas que menos te van a pedir a cambio de un favor, entonces para mi eso es un sacrificio muy grande, seguramente demasiado. Conseguir trabajo fuera no es algo bueno, es algo que se hace porque realmente se está desesperado, porque no tienes otra opción. Conseguir trabajo fuera no es de listos ni de valientes, porque conseguir trabajo fuera da mucha pena y mucha lástima. Otra cosa sería que no haya personas importantes en tu país que vayas a dejar atrás. Pero no es mi caso. 

Sólo quiero decir, en ámbitos generales, que no olvidemos qué cosas nos hacen realmente felices. Porque si las olvidamos, las dejaremos abandonadas buscando otras cosas que, en realidad, no son tan importantes. 







lunes, 30 de julio de 2012

RESISTENCIA ACÚSTICA


-            -   Asique eres guitarrista.
-            -   Sí, desde hace un tiempo.
-            -   Pues yo soy bajista.
-            -   ¿Si? Oye, deberíamos quedar un día para tocar algo.  


Y luego la cosa se va liando. Que si uno conoce a un teclista, que si el otro quiere hacer una versión de tal tema… La música une almas. Crea un fuerte magnetismo hacia aquellas personas que le son complementarias. Los instrumentos musicales están fabricados para tocarlos junto con otros instrumentos, así pues, cuando interpretas con un instrumento, el objeto te transmite una polaridad que es distinta de la que transmiten otros instrumentos de otra especie. Por lo tanto, un guitarrista experimentará una intensa atracción por los bajistas y viceversa. Sentirán curiosidad entre ellos, y estimularán tanto su imaginación como su sociabilidad. Un guitarrista tiene un aura atrayente de bajistas que diría, no sólo que se intuye, si no que hasta se huele.

Y si las diferentes partes tienen tiempo libre, pueden llegar a componer cosillas, e incluso tocar en algún sitio, y si tienen suerte, puede que hasta alguien les escuche.

Cuando el grupo se rompe o desaparece por cualquier cosa, ocurre en la historia de las personas que formaron parte de él un antes y un después. Una nueva etapa. Y por esta etapa que termina realizo este vídeo:


Me gusta pensar, por muy definitivo que suene todo esto, que sólo nos estamos tomando un descanso. Un par de meses para que alguien se canse de Londrenear y estamos otra vez componiendo cosas. Al igual que cuando una pareja quiere cortar, y para que suene menos duro y más llevadero se dicen “vamos a darnos un tiempo”…

jueves, 5 de julio de 2012

El troglodita contento, y los misterios de la música (PARTE 1)


Cuántas cosas hemos hecho con la música. La hemos tratado y modificado cuanto hemos querido. Pero ¿realmente sabemos mucho de ella? Sabemos tratarla, de eso sí que comprendemos, pero ¿Qué es realmente la música y de dónde procede?

Como respuesta poco profunda, diré que la música procede de nosotros, ya que nosotros la hemos creado. ¿Y cuándo se inventó? La respuesta que más me gusta, es que no se inventó, ha estado ahí siempre. No quiero decir que un ser superior la creara para nosotros, no, la música la creamos los humanos, pero no en un momento en concreto. Al igual que el lenguaje, nació por necesidad y se fue sofisticando a la par que nos fuimos haciendo inteligentes. Después de todo, la música es otra forma de lenguaje. Pero no es exactamente igual.

Por necesidad nació el lenguaje, una necesidad concreta, la de comunicarse. Pero ¿Qué necesidad nos llevó a crear la música? La verdad es que no lo sé, pero intuyo que fue por una necesidad MUY humana, la necesidad de expresarse. No es lo mismo comunicarse que expresarse. Comunicarse conlleva el requerimiento de una acción, por ejemplo, imaginemos a un troglodita. ¿Qué quiere comunicar un troglodita? Pues “tráeme esa manzana” o “esa hembra es mía”. Por supuesto, en su idioma primogénito sonaría como “Jhuuu Jhuuu”, e iría acompañado de unos aspavientos con los brazos. Pero expresarse no conlleva ninguna acción, sólo… ¿cómo llamarlo? … no sé… lo llamaré, una “aligeración del alma”. Un troglodita pegando gritos sin sentido porque está contento es expresarse, llorar es expresarse, todo eso es relajar la mente por el estrés producido por un sentimiento.

Así pues, me imagino a uno de estos tatarabuelos nuestros después de un buen banquete de mamut, pegando gritos que no tienen ninguna finalidad, ni llamar la atención, ni dar miedo, ni pedir nada, simplemente porque está contento. Después, lo armonizaría con unas ramas de árbol percutidas en un tronco hueco, y después, quizá algún otro le hiciera la segunda voz dando palmas sobre su torso. El resto del proceso ya podéis imaginarlo vosotros.

Pero aquella música rocambolesca (de roca, edad de piedra, ejem) no tiene nada que ver con la actual. Un hecho que demuestra hasta qué punto la música es humana y no celestial, es la creación de la escala musical. No nos preguntamos de dónde salen esas cosas, al igual que no nos preguntamos por qué funciona el televisor, pero realmente tiene una explicación. ¿Alguien se ha preguntado por qué la escala musical tiene 7 notas? ¿Alguien sabe por qué el Do suena a Do, y por qué la frecuencia de la nota La son 440 hercios? ¿Quién decidió que la nota La tuviera 440 hercios? La respuesta es, porque alguien lo decidió así por nosotros. Podía haber decidido que el La fuera de 500 hercios, o de 487 hercios, pero decidió que serían 440, al igual que decidió que la escalera sería de 7 notas. Podría haber hecho la escala de 8 o de 9 notas, y la música que escucharíamos (que no tendría nada que ver con la actual) sería igualmente hermosa. Así pues, la música de hoy en día tiene una fuertísima restricción al existir la escala musical (lo que no evita, aun así, que sea infinitamente variable), y restringe a su vez la expresión de la música.

Pero a pesar de esa restricción, la música sigue siendo “expresiva”. Por supuesto, la sutileza de la expresión ha cambiado mucho. Pero ¿Cómo es posible que un invento matemático como la escala musical pueda ser expresiva? Para mí, este es uno de los grandes misterios de la vida. Y os voy a poner un ejemplo en el que vais a entender en seguida mi preocupación, escuchad:






Para mi, esta es la base de la expresión musical. Las dos progresiones de notas tienen la misma estructura, sólo que cambian en una sola nota, y sólo es un semitono de diferencia. Los entendidos sabrán que un acorde es menor, y que el otro es mayor. ¿Qué acorde es más alegre? ¿Qué acorde es más melancólico? Lo increíble de todo, es que seguramente todos estéis de acuerdo, y todas las personas del mundo también lo estarían, todos, desde Europa hasta África. Recordar, la escala musical la hizo un hombre que dividió las octavas en 7 partes porque le parecía bien (aunque bueno, en realidad son 12), y a nosotros nos “expresa” algo. Es como si un matemático resuelve una suma de tal forma que te hace llorar, o una división que te hace reír. Esto tiene que tener alguna explicación, alguna relación entre las frecuencias de las notas y las frecuencias producidas en la naturaleza.

Y como he llegado hasta aquí, voy a exponer mi teoría de por qué es así…  Pero en otra ocasión, en la segunda parte de esta serie. 

miércoles, 4 de julio de 2012

Las buenas personas


Me encuentro en un instante de mi vida en el que me empiezan a caer mal algunas gentes. Envidiosas y amargadas, todas ellas. Sin en cambio, de las que quiero hablar, es de las buenas personas.

 Estoy cansado de escuchar que en esta vida hay que ser un “espabilado”, es decir, alguien que no pierde oportunidad de coger aquello que desea independientemente de lo que deseen los demás. Cansado de escuchar que hay que tener miedo de la gente, porque la gente es muy mala y te roba y sólo quiere hacerte daño, por eso tienes que ser más espabilado que ella.

Pues no sé a qué gente se refieren. ¿Alguien ha visto a esa gente? ¿Conocéis a alguien tan malvado que haya que ser un espabilado para defenderse contra él? Pues seguramente sí, para qué vamos a mentirnos. Pero son los menos, escasos, cuatro gatos mataos, envidiosos, y amargados. La gente buena, la gente que no quiere hacerte daño aunque a veces lo haga sin darse cuenta, la gente que te daría la mano para ayudar a levantarte sin dudarlo ni un segundo, y la gente que quiere el bien para todos, aunque no sepa cómo conseguirlo, abunda en este planeta, aunque muchos aun no se han dado cuenta. Por cada persona mala, conozco veinte mil buenas… Vale, tal vez no conozca a tanta gente, pero es para que os hagáis una idea de la proporción.

Un hecho de mi infancia, muy tonto pero que para mi tuvo su eco en mi maduración, fue cuando fui a sacar la basura. Una gran bolsa de basura, tan pesada que me impedía abrir el contenedor para poder echarla dentro. Un joven adolescente se me acercó y levantó la tapa del contenedor por mí. Llegué pensativo a mi casa, y le dije a mi madre “Mamá, los jóvenes no son malos, son buenos”. ¿Por qué demonios yo pensaba que los jóvenes eran malos, hasta tal punto que me sorprendió que uno de ellos me ayudara? ¿Quién le metería esa mentira tan gorda a un niño de mi edad de entonces? Seguramente fue cosa de mi madre y de la televisión.

No sé si habéis probado a tiraros en medio de la calle de una gran ciudad y desmayaros. Se dice, que si eso pasa nadie te ayuda, porque en una ciudad todo el mundo pasa de todo el mundo. Pues yo eso no lo he visto en mi vida. Pero sí recuerdo una vez que mi madre se resbaló frente al corte inglés, y antes de que yo me diera cuenta ya estaba otra vez de pie, ayudada por un joven que pasaba por allí. Y otra vez, que llamé al 112 para avisar de que había una mujer tirada en la acera sin moverse, y que me dijera la operadora que ya habían dado ese aviso varias personas, y de que una ambulancia ya iba para allí.

Hay más resultados en google para “buena persona” (194 millones) que para “mala persona” (9 millones), y google no miente, eso lo sabemos todos.

Fácilmente me puede salir alguien contándome algún caso que demuestra que en las personas no se puede confiar. Porque esos casos llaman mucho la atención, mucho más que los casos donde actúan las buenas personas, porque esos buenos casos son tan numerosos que pasan desapercibidos.

Y para quien piense que soy inocente y un pardillo al que le van a dar más palos que a una piñata, le diré que si piensa que la gente es mala, es porque es tan envidioso y amargado como ellos, que no sabe a quién echar la culpa de sus penas, más que a ellos, esos seres fantasmales que jamás vais a conocer. 


Las personas somos buenas, tanto por naturaleza como por conveniencia, porque no podemos ser felices si no lo son los de nuestro alrededor. 



lunes, 18 de junio de 2012

El sabor de la cerveza

"Una caña, por favor" dijo alguien.
"Una caña, por favor" dijo otro alguien.

Y es que, definitivamente, la cerveza se vende. Es barata, es sociable, puede llevar alcohol o no llevarlo, pero definitivamente es la estrella de los bares.

Sin embargo, y curiosamente, si hiciéramos una encuesta sincera a cada una de las personas cerveceras, dirían que NO le gusta la cerveza. Pero claro, es más barata que la cocacola, y más sociable, y lleva alcohol, y quien se pide una cocacola es una maricona, y quien se pide un zumo de naranja un maricón, y quien se pide una botella de agua se pide el lugar donde follan las ranas. La cocacola se puede pedir con ron o whisky, pero claro, estando en crisis no todo el mundo puede permitirse eso. Así pues, como no quieres ser mariposona ni gastarte dinero, acabas pidiéndote la cerveza. Y si no, pues simplemente quieres emborracharte, así que te pides una cerveza. Es lo que tiene ser el alcohol más barato. Pero ¿cómo ha llegado la cerveza hasta el puesto número uno en bebidas de bares? Pues la primera vez que la bebes, todo el mundo dice (al menos todo el mundo a quien yo he preguntado) "la primera vez no me gusta, pero te acabas acostumbrando". ¿Acostumbrarte a qué? ¿A que te metan un medio pis en la boca? ¿Es acaso acostumbrarse al calor, a que te metan un dedo en un ojo, a trabajar 12 horas diarias? Sí, los seres humanos somos unos masocas. E insisto ¿por qué la cerveza se vende tanto? La respuesta la supe hace menos de un mes. Resulta, que la cerveza buena, de toda la vida, la cerveza casera, REALMENTE ESTÁ BUENA!. La probé en un restaurante alemán, y eso sí que sabía bien. No estaba ultra amarga, ni sabía a pis, sabía a gloria. Barata, alcohol... blanco y en botella (bueno, amarilla). ¿Qué es lo que ocurrió? Que las empresas cerveceras empezaron a reducir gastos, hasta crear un engendro horroroso que es lo que hoy conocemos como Amstel, Mahou, Guinness u otros nombres. Producciones en aparatos metálicos, almacenajes en cubículos también metálicos, latas, etc...

A nadie le gusta la cerveza que bebe. Y sí es verdad que les gusta la cerveza. Sólo que ellos no lo saben, porque todavía no la han probado.

La cerveza es vanguardista (algo que explicaré... pero en otra ocasión).


sábado, 9 de junio de 2012

Huellas sobre el polvo


Traqueé la puerta para entrar, pero me di cuenta de que estaba abierta. Cómo no iba a estarlo, si aquí dentro puede entrar cualquiera.

Los primeros pasos que di dentro, dejaron huellas sobre el polvo acumulado de hace tanto tiempo. Casi no había muebles, y los pocos que había estaban cubiertos con una sábana blanca. El sonido de la estancia contaba esa gran soledad que habitaba en ella, con susurros parecidos a los que se escuchan en una cueva. El sol atravesaba las rendijas de las persianas a medio abrir, llenándolo todo de haces de luz.

Me quité la mochila y la apoyé sobre un mueble. La abrí, y fui sacando las cosas que había traído y que tenía la intención de dejarlas aquí para siempre.

Una lente. Es la mira de un telescopio que ya sólo decoraba mi estudio. En un lateral viene escrito “x4”. Nunca supe porqué la lente de x4 aumentaba más que la de x20. Nunca lo sabré.

Unos auriculares. Son de esos que te cubren toda la oreja. Tienen una claridad en los sonidos bajos que me parece fascinante. Los usaba para escuchar horas y horas de música.

Una pieza de ajedrez de madera, el rey negro. Quemé el resto del juego.

Un sombrero de paja. Descolorido de tanto usarlo. A veces, me pasaba un día entero andando bajo el sol, y si no llega a ser por este sombrero seguramente habría muerto.  

Un CD con un  videojuego. Soy incapaz de contar la cantidad de dragones y troles que he matado en este juego a base de lanzar relámpagos y columnas de fuego.

El resto de la mochila estaba lleno de libros. Uno de ellos contenía mapas estelares para cada época del año, otro era un manual de trucos de ajedrez, otro se llamaba “Mundo Submarino”, varios eran novelas de fantasía, de Michael Ende, Tolkien y similares… Y un libro de partituras. Me sabía algunos de los temas contenidos en este libro, y tenía la intención de aprendérmelos todos.

Me colgué la mochila vacía y ligera, y metí la mano en mi bolsillo para sacar el último objeto que dejaría aquí, el que más de dolería dejar.

Una armónica. Había aprendido a tocarla hace tiempo, pero ya no podría hacer que sonara mejor. Ya no tengo tiempo para eso…

…ni para hacer el resto de las cosas.

Me acerqué a una esquina a recoger lo que había venido a recoger (la esquina donde habría pretendido ocultarlo), algo que ocuparía, a partir de hoy, tanto tiempo como me ocupaban el resto de cosas que dejé aquí.

Salí de aquella estancia cerrando la puerta, para no volver jamás. 

                               

domingo, 8 de enero de 2012

Gafas oscuras en plena noche

Se ruega la presencia del excelentísimo señor don Fernando.

Se ruega la presencia de Fernando.

Y ahora, que alguien me explique qué diferencia hay entre esas dos frases. Porque, comprobado con mi búsqueda en la real academia española, excelentísimo no es más que un “Tratamiento de respeto y cortesía”. Que no se ofenda el excelente (porque nadie duda de que sea excelente, ilustrado y buenísima persona), señor, y don, Fernando, si resumo en la segunda frase el “tratamiento” de cortesía.

Tratamiento que se prolonga tanto en tiempo de pronunciación como en longitud de escritura, más que el propio nombre. Fernando.

No me extrañaría en absoluto que alguien olvidara el nombre que quería decir después del larguísimo tratamiento.

No me extraña que a veces olvidemos a dónde queremos ir, si queremos decorar el camino de ida hasta hacerlo prácticamente inútil. Un camino que siempre es empinado, lleno de rocas y peligros, que pretendemos hacer en zapatos, traje y corbata, y además queremos hacerlo sin ensuciar ninguno de esos lastres. ¡¡¡Como si quisiéramos llevarlos!!!

Y es que es frecuente, al menos yo lo creo con total seguridad, que una cultura mal usada es una enorme cadena que nos cuelgan al nacer, y que pasamos a nuestros hijos para que sean tan infelices como nosotros. Alguien debería darse cuenta de que “excelentísimo señor don…” es un tratamiento tan inútil como unas gafas oscuras en plena noche.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Kuollut


Kuollut, alguien de estos lares occidentales con un extraño nombre, se preguntaba qué le hacía actuar así. Durante mucho tiempo, la razón más básica y principal en la que basaba su existencia, había sido como un axioma inquebrantable. Ese rollazo tremendo de por qué estamos aquí, de dónde venimos y a dónde vamos, lo simplificaba con un “para ser felices”. “Si ya lo decía Darwin”, repasa en su mente, reafirmándose a sí mismo tan simple verdad. “Porque las verdades más ciertas siempre son las más pequeñas y fáciles de explicar”. Estamos aquí para ser felices, venimos de ser felices, y vamos a ser felices. Y nada más.
En su mente observaba la actitud que suele tener la gente en diferentes situaciones, o la actitud que tomó el mismo, o la que tomaron sus conocidos, en otras tantas circunstancias. Y en todo caso la felicidad tenía algo que ver. O querían ser felices, o tenían miedo de dejar de serlo, o tenían miedo de no serlo nunca. 
Hasta que una vez, Kuollut tuvo la oportunidad de ver las cosas, digamos, un poco desde fuera, en perspectiva. Estaba sentado en un banco del parque cuando vio a una persona (desde la perspectiva del banco), y tal vez debido a la brillante sonrisa del viandante, o a sus alegres andares acompasados solamente con el latir del mundo que le rodeaba, pensó, que esa persona, era feliz. Aunque, para empezar, y aunque las apariencias dictaran todo lo contrario, esa persona no era feliz. No porque estuviera fingiendo, o porque estuviera drogado, si no porque las personas no podemos ser felices, no somos felices. Pero podemos estar felices.
Después de diez minutos de divagaciones mentales (la susodicha persona ya estaría en su casa con sus quehaceres), decidió dejar de lado esa aclaración lingüística, y empezó a preguntarse cosas. ¿De qué le sirve a esa persona estar feliz? Después de todo, un día dejaría de serlo, y las cosas no van a estar mejor para entonces. Las otras personas no van a apreciarla porque esté feliz. Nadie le recordará porque esté feliz. Y aun suponiendo el caso de que el motivo de su felicidad sea que ha hecho algo por lo que todos le recordaremos siempre. ¿Le sirve de algo? Dudaba Koullut de que una vida plena llena de satisfacciones fuera funcional o práctica para algo. También dudaba de su capacidad mental, y se hizo suponer que tal vez, no comprendía la felicidad. Que le faltaba algo de información.
¿En qué pensará esa persona que anda tan felizmente por el parque? ¿Qué preocupaciones tendrá? Muy probablemente, muy pocas preocupaciones. Y lo más seguro de todo es que esa persona no se está planteando la funcionalidad de la felicidad. Pensar en esas cosas no es típico de las personas felices. Las personas felices no piensan tanto en eso.
Por lo que, tal vez, la felicidad sirve para no pensar. No piensas cuando eres feliz. Cuando estás viendo una película, cuando estás leyendo un libro, cuando estás haciendo el amor, no piensas en preguntas que no tienen respuesta. No piensas, y ya está, corramos un tupido velo.
¿Por qué estamos aquí? Quiso saber Koullut.
Para no pensar en eso. 
Y yo que pensaba que era original... Puto Punset!!

viernes, 26 de agosto de 2011

En su recuerdo


Un día, sin que nadie me lo explicara, apareció,  
Ha venido conmigo a recorrer cientos de kilómetros,
Y después me acompañó a beber decenas de cubatas,
Pero está cansado, deteriorado, y su sonrisa ya casi no puede apreciarse.
Su identidad empezó a olvidarse,
Y ahora sólo puede leerse entre los abismos del pasado.
Su nombre se pronunció en alto, En la alegría, en el dolor,
Y ahora sólo lo nombran los antiguos espíritus, Y los guardianes de las leyendas.
El desgaste pudo contigo, el sol te abrasó, y tus filamentos de desprendieron.
CAPITÁN RON, siempre en mi recuerdo.

lunes, 15 de agosto de 2011

A ti, yo te elijo.

Aunque Marina no tenía ni idea, una vez Dios la señaló desde su altar celestial, y dijo con voz de trueno "A ti, yo te elijo". Los ángeles se pusieron en marcha, tenían mucho trabajo que hacer. Muchísimo.

El divino trabajo de joder con toda la amplitud posible a Marina.

Aparecerse invisibles mientras ella se toma el café, y empujarlo para que caiga al suelo y manche la alfombra, es una travesura. Hacer que Marina se duerma mientras conduce haciendo que atropelle a un par de ancianos felices, no es nada mas que un puto chiste de mal gusto. Había que joderla bien, y eso requería un metódico plan que los ángeles debían ir siguiendo al pie de la letra.

A Marina se le había pasado el arroz (o a punto estaba) y seguía soltera. Es lo que suele pasar cuando los ángeles te están dando por culo continuamente. También tenía una madre que no hacía más que despreciarla, pero vamos, que esas son cosas normales. Pero Marina tenía su trabajo y su propia casa, y cualquiera que la conociera bien, y también cualquiera que le hubiera hablado alguna vez, siempre se referían a ella como feliz, y animada. Por eso Dios estaba tan disgustado con el trabajo de sus ángeles. Y así fue como dio comienzo su plan maestro.

Nuestra amiga tenía un fuerte instinto maternal, pero no tenía a un hombre con quien... ya sabéis. Así que acudió a una clínica de fertilidad, y gastó gran parte de sus ahorros en una fecundación in vitro. Todo salió bien y tuvo dos hijas. Las he visto, y puedo asegurar que son preciosas. Y así Marina pasó un año cuidando de ellas. Pero un día se encontró mal, y el médico le diagnosticó cáncer de colon. Le dijo que lo más probable es que no duraría ni seis meses. Así que Marina iba a morir, con el dolor añadido de dejar en este mundo a dos niñas solas. "JoJoJoJo!!" La risa de satisfacción de Dios ante su argucia podía escucharse en todo el plano astral.

Durante aquellos días, Marina siguió cuidando a sus hijas. Cualquiera que la hubiera visto, y cualquiera que la conociera bien, sólo decían de ella que era feliz, y animada.

Y así pasaron dos hermosos años para ella. Feliz y animada. Me repito en lo de feliz y animada, pero es que es importante. A Dios eso le irritaba muchísimo. Incluso mandó cortar las alas a uno o dos ángeles.

Una noche, y sin que nadie se lo explique (aunque nosotros sabemos la verdad, nosotros sabemos que fueron ellos, los ángeles), la habitación de Marina apareció cubierta por sus propios vómitos. Por aquel entonces vivía con su madre, que fue ella la que llamó al hospital. Se la llevaron casi muerta. El médico dijo que había sufrido una trombosis cerebral, y que no duraría más de una semana.

Marina permaneció en coma más de un mes.

Cuando despertó, le habían cortado una pierna, el otro pie, y todos los dedos de las manos. La inmovilidad (o Dios sabe qué!!) había producido la muerte de las extremidades.
El grandísimo estaba muy orgulloso de su obra.

Hace poco, una amiga suya fue a visitarla al hospital. Pronto la sacarían de allí. Dijo que preguntó por sus hijas, y que la vio feliz, y animada.

Si Dios tiene otro plan, espero que no nos pille cerca.             (...para un espíritu guerrero)



sábado, 2 de julio de 2011

Olvidadizo...

¡Con qué facilidad lo olvidaba todo! A veces, sentía que la vida se escurría bajo mis pies, como un arrollo arrastrando todos los recuerdos. Recuerdo una vez, que me pasó algo, pero que ese algo podría haberlo evitado si me llego a acordar de llevarme la cartera… o algo así. Era grave, y fácilmente evitable, de eso sí me acuerdo.
Un día, trasteando uno de esos artilugios modernos en una tienda, un Ipad, me di cuenta de que un objeto como ese podría servirme para ir apuntándome todas las cosas que me hicieran falta. Me diseñaría un calendario, activaría alarmas, colocaría notas rápidas por todo el escritorio, y todas esas cosas que se pueden hacer con un Ipad. Como por entonces yo no tenía mucho dinero para comprarme uno, me compré un blog de notas, de esos obsoletos de papel y bolígrafo. Para el caso venían a ser lo mismo.
Pasaron semanas desde que comencé a usar mi nuevo blog de notas (o meses, yo la percepción del tiempo la tengo un poco confusa), cuando desperté una buena mañana. “¿Dónde estoy?”, quise saber. Es lo que suele pasar durante el primer segundo de claridad mental. No me hizo falta mirar mi blog para saber eso. Reconocía la estancia, las proporciones de las paredes y los muebles. Era un lugar conocido como “mi cuarto”. A continuación, la gente suele ponerse a hacer cosas. En mi caso, yo lo que hago es preguntarme “¿y ahora qué?”. Pues lo obvio, coger mi blog de notas. Lo abrí y leí la primera página “Has quedado con tus amigos para dar una vuelta a las once, en la plaza”. Perfecto, pero ¿qué hora es? ¿Y dónde está mi móvil?. Miro la siguiente página “Te has dejado el móvil en el segundo cajón”… Pues menos mal.
Salí de mi piso y bajé por el ascensor. Al salir a la calle me tropecé con una chica que me dijo “Hola, Gregorio”. No recordaba su nombre, pero la cuestión es que me sonaba de algo. Me limité a decir “Buenos días”. El resto de la mañana pasó apaciblemente con mis amigos, en un bar, una heladería, o algo así.
Por la tarde, después de la siesta, volví a preguntarme qué debía hacer ahora. Leí la siguiente página “¡Te ha tocado la lotería! ¡No olvides ir a cobrarla!” ¿¿Qué me ha tocado la lotería?? Eso es una buena sorpresa, sin duda. ¿Pero qué lotería, el bonoloto? ¿Y dónde está el papel?. La siguiente página de blog de notas me lo aclaró “Tienes el billete en el bolsillo trasero derecho de tu pantalón”. Lo comprobé, y era cierto. Así que esta mañana me levanté rico, y yo sin saberlo. ¡Qué emoción! Inmediatamente fui a cobrarlo.
Después de que ciertas personas parcialmente familiares para mí me felicitaran, me pregunté qué podía hacer con ese dinero, que era una suma más que considerable. La siguiente página decía “Habías decidido comprarte un coche, que te hace falta”. Qué idea tan genial. Fui al concesionario, y sin preocuparme en absoluto del precio de aquellos coches, elegí el que más me gustó y me lo compré.
De camino al garaje que acaba de alquilar al momento, me encontré de frente con una chica, que me miró sonriente y me dijo “Hola, Gregorio”. Me limité a decir “Buenas tardes”. Parece que se alejó un poco disgustada.
Así rezaba la siguiente página “A las doce de la noche en el bar Eclipse, arréglate”. A mandar.
Una vez allí, me encontré con mis amigos que se estaban tomando algo. No parecían demasiado alegres. Y es normal, según les oí decir, la crisis les estaba afectando mucho. En poco tiempo alguien sugirió tristemente que debía volver a casa. Las alicaídas caras de mis compañeros no parecían tener argumentos para quedarse más tiempo, y comenzaron a irse. Pero, sin la ayuda de mi blog, me acordé de algo. ¡No les había dicho que me había tocado la lotería! Lo dije, y todas sus caras parecieron cambiar, y todo se tornó sonriente, y todas las rondas pasaron de mi parte.
En pleno clímax festero dentro del bar, entró una chica, que me sonaba de algo, y me dijo sonriente “Hola, Gregorio”. No recordaba su nombre, y me limité a decir “Buenas noches”. Bajó su rostro y se fue al fondo del bar con sus amigas. Entonces leí la última página escrita en mi blog “Se llama María, y está enamorada de ti”. Torcí mi mirada en su busca, y me encontré con la suya, que también me buscaba. Sonreí, y ella respondió afirmativamente a mi sonrisa.

No sé si mañana me acordaría, pero hoy era un día de puta madre. 


lunes, 2 de mayo de 2011

Friki de mierda

Érase un cuarentón a cal y canto encerrado. Cuatro pareces que separaban la crueldad de su existencia de sí mismo, y una ventana de diecisiete pulgadas y muchos megas de RAM a otro mundo que no era este. Un fondo de pantalla que representaba un lugar de batallas, armas, victorias, y el mejor juego multijugador masivo en red (MMORPG, para los entendidos), en definitiva, World of Warcraft. 

No dejaba de preguntarse porqué sus logros en ese otro mundo virtual no tenían el más mínimo reflejo en el mundo real. ¿Acaso no necesitó semanas para alcanzar un nivel decente? ¿Acaso no tuvo que entrar en lugares sombríos para encontrar las mejores armas? 

Uno pasa el tiempo delante de su ordenador buscando y tratando de recordar todos los atajos posibles con el teclado. Control+Z, para los errores, L+Intro para dibujar líneas, Control+J para copiar selecciones... así siempre. 

 Pero llegamos a Tab para cambiar de objetivo, W para andar, tecla 1 para el rayo paralizador, tecla 2 para bola de fuego, objetivo chamuscado, 20 puntos de experiencia... y ya somos un friki de mierda. 

...

La alianza ha tardado semanas en prepararse para este evento. Cinco guerreros se disponen para entrar en la caverna de la bruja malvada para acabar con ella para siempre. Todo está meticulosamente calculado: Un guerrero con armadura pesada será receptor de toda la energía negativa que emita la bruja, un mago deberá contrarrestar esa energía, un cazador deberá atraparla e inmovilizarla, un médico llevará encima todas las pociones de curación necesarias, y un sacerdote deberá emitir un juicio poderoso que devuelva a la bruja al lugar de donde vino. 

Para vencer, hará falta una gran coordinación entre los cinco guerreros, y sus cinco frikis de mierda reales que están al otro lado de la pantalla, y que jamás se han visto cara a cara. Semanas de práctica con los atajos del teclado, con las técnicas de combate, y con el trabajo coordinado en equipo. Una lucha épica que podrá durar horas...

    ...para acabar siendo un friki de mierda. 



lunes, 4 de abril de 2011

lunes, 14 de marzo de 2011

...que te arrepientes.

Admiraba la hermosura desde el fondo de las cloacas. Ausente de ella, la perseguía sin descanso.
Se dijo un día, que si la hermosura no se acerca a él, él iría en su busca.
Y que si la hermosura se distanciaba, se la inventaría

Una hamaca sujeta en la cubierta de un velero que surca el océano siguiendo la flotabilidad del propio barco por el agua, es, una vida horizontal.
Cometer un error y después tener que lidiar con él, es, arrepentirse.
Llevar una vida horizontal es un error, pero cuando llega el momento de arrepentirse,… ya estás muerto. Por lo que no me atrevería a asegurar,... que te arrepientes.




domingo, 27 de febrero de 2011

Técnica de Rosenhawer

Consiste en rodear con los brazos a una persona y apretar, para que las preocupaciones salgan por la boca, permitiendo a la persona respirar de nuevo.

Pushing Daisies

Y quién no necesita un abrazo!


sábado, 26 de febrero de 2011

Moscas

Olía mal.

Había una pizca de ese olor de los callejones del barrio una madrugada del sábado, cuando corren por esas calles ríos de vino tinto del malo y pis humano. También olía un poco a huevo podrido. No un poco podrido si no un huevo muy podrido y en estado avanzado de descomposición. Es un olor más suave que el de huevo podrido a secas, es como un intento del huevo de sobrevivir en este mundo a través de un olor de ultratumba. También olía a otra cosa. Nunca he olido un trozo de carne de cerdo tirada en el suelo de cualquier pasillo, y dejada a su libre transformación de la materia durante dos semanas. Pero huela como huela, en ese olor, también habría algo de ese trozo de cerdo muerto y triturado.

Quisiera saber porqué las esquinas de mi habitación están tan llenas de telarañas, y quisiera saber porqué mi cama está tan fría a pesar de que yo estoy en ella. Yo, como cuerpo vivo desprendo calor constantemente, y por algún motivo, la cama no termina de calentarse. Es más bien que se va enfriando. No lo termino de entender.

Es verdad que hace unos días que no me muevo demasiado. Tenía como pereza de salir a la calle hace unos días, hacía mal tiempo y tampoco tenía nadie con quien salir, así que decidí quedarme en la cama, un ratito más. Cogí un libro y lo empecé a leer. Era aburrido, pero por no levantarme a coger otro seguí leyendo ese. Al cabo de un tiempo empecé a ver borroso, y al otro cabo ya no veía con nitidez ni las enormes letras de la portada.

Me entraron ganas de ir al baño, y tuve intención de levantarme. Pero se me había dormido una pierna y moverla hubiera sido muy doloroso, así que decidí quedarme quieto y ponerla tiesa, y ya se me pasará. Total, que al rato en vez de reavivarse la pierna dormida, se me durmió la otra. Pasó un rato y se me fueron quitando las ganas de ir al baño. Y pensé, pues bien, no me levanto.

De repente quise cambiar de posición, porque tanto mirar al techo me rallaba. Pero ya era demasiado tarde.
Mi cuerpo se había descompuesto y algunos gusanos ya habitaban en él, teniendo como vecinas unas moscas verdes y gordas que zumbaban despiadadamente.

Ahora entiendo ese olor…


viernes, 18 de febrero de 2011

Hasta el último segundo.

Permanecía sentado en la vía del tren, entre las dos guías, sobre uno de los travesaños de madera. Tenía las piernas cruzadas, y jugueteaba con las gravas. Eran gravas muy tostadas al sol, calientes y secas, tan ásperas y arenosas que al contacto producían tericia. Pero él ya se había acostumbrado, así que, a pesar de eso, jugueteaba con ellas.
Se aburrió pronto, y se levantó para seguir su camino. Tenía dos opciones, hacia delante o hacia atrás. Podría haber elegido cualquiera, no le importaba a nadie en realidad, pero eligió hacia delante. Le habrían educado así, o así habría sido su naturaleza. Hay quien diría que lo llevaba en los genes, otros, que simplemente era un ignorante que no tenía ni idea de hacia dónde les llevaba sus pasos. Sin metas definidas, solamente seguir y observar los paisajes que se extendían más allá de las dos líneas de los carriles, hay quien diría que estaba loco.
Cualquiera podría preguntarse por qué no salía de la vía y se iba a investigar por ahí, a descubrir mundo. Cierto es, que si él lo supiera, lo haría sin dudarlo un instante. Pero él no tenía la inteligencia ni la sabiduría suficientes como para salir de la vía del tren. Simplemente no sabía hacerlo.
No sé muy bien cuánto tiempo ha seguido la vía, pero sí sé que no el suficiente como para ablandar su ánimo y sus esperanzas, que seguían intactas desde el primer día. Así era, a pesar de tener la conciencia de que algo muy horrible se aproximaba tras él. Nada más ni nada menos que un tren de alta velocidad, que iba en su busca y un día, lo aplastaría. Sin embargo, sabe que cada paso que dé hacia delante, es un paso de vida y experiencia, y que cada paso que dé hacia atrás, es un paso más cerca de un final inevitable.
Pero inevitable o no, y por muy fantástico e increíble que suene, jamás dudó de que el tren nunca le alcanzaría, y de que encontraría el modo de sortearlo de alguna forma.
Hasta que una mañana, unas vibraciones intensas le despertaron de un sueño incómodo sobre los travesaños. Sintió un nudo en la garganta. Se levantó despacio, pero no tuvo miedo de alzar la vista. Ya venía el tren, y a una velocidad insalvable para sus piernas. Pero alzó el rostro orgulloso y se contó así mismo algo gracioso, pues su humor, su fuerza y su templanza, fueron indiscutibles hasta el último segundo.




domingo, 13 de febrero de 2011

Bocado a la vida

Un niño miraba el manzano, y se preguntaba quién habría decidido podarlo de aquella forma tan esbelta, dejando un tronco alto y desnudo, alejando del suelo la copa, las hojas, y las manzanas. "Desde aquí abajo, jamás podré alcanzar ninguna", se decía, queriendo poseer una de esas rojas de las ramas más altas. Se lamentaba, al ver que las manzanas se pudrían antes de caer, o eran comidas por pájaros y gusanos. Y así deseando esperó sentado, soñando por las noches con el sabor que él se imaginaba que tendrían esas frutas.

Hasta que un día, se quedó fijamente mirando una manzana que se contoneaba en lo alto, tal vez por una racha de viento traidora, o tal vez por algún otro impulso más misterioso. Y de repente, la manzana trazó limpiamente el recorrido que había desde su lugar de nacimiento, hasta el suelo, dejando como residuo un apagado "plof". Entonces el niño se acercó, y la recogió. La miró en su mano, y poco después la mordió, y la saboreó en su boca.

Durante sólo dos segundos, sintió dulzura en el mundo salida de su paladar. Ponerle el pause a todos los demás torbellinos, y escribir una nota a pie de página, en tan solo dos segundos. Había descansado de tanta tensión acumulada en sueños, y ese descanso, sabía, le duraría por un tiempo.

Por supuesto, la manzana en seguida desapareció entre sus dedos como vaporizada. Sabía que aquello estaba prohibido, pero le había robado al destino un bocado a la vida. Y por ello, nunca se arrepentiría.

lunes, 7 de febrero de 2011

Vosotras sí sois hermosas.

Y entre los rosales hermosos de las personas, unas preciosas rosas florecían aun más rojas y hermosas.

Eran ellas, sois vosotras, hermosas.

Hermosas por la parte que conozco, pero aun más por la parte que ignoro. Sois una razón para conoceros, y conoceros es una razón para seguir aquí.

Tocables, mirables, soñables, admirables, vosotras, hermosas.

Sería el mundo sin vuestra hermosura un erial de arena y niebla. Perdidos los olores en las inflexiones del tiempo y embriagado por el sonido de vuestras voces. Hombros donde relatar los sentimientos que por orgullo no relataríamos de otra forma.

Son Ellas. Hermosas.

lunes, 31 de enero de 2011

Idiota

No soy tu camino,
ni un trozo de pan,
sólo soy,
esa cara de idiota,
idiota!
esa cara de idiota...