lunes, 8 de noviembre de 2010

Esa cosa de la garganta cuando se es feliz de nuevo




Esta es la versión corta de una canción: Esa cosa de la garganta cuando se es feliz de nuevo. La versión completa no consigo tocarla bien entera, aun.
En el título pone algo de felicidad, sin embargo la canción es más melancólica que otra cosa. Así es. Es la melancolía de todas las cosas malas que se han debido de superar para conseguir un estado de felicidad. Yo lo noto en la garganta, y sólo me dura unos tres segundos. Debe ser algún recuerdo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Las personas Hermosas

Aquellas personas cuya hermosura no se limita al ser, si no al hermosar. Hermosas de rostro y cuerpo y además hermosas de espíritu. No sólo sois hermosas porque lo sois si no porque continuáis siéndolo, si no siempre de la misma forma, de otro modo, pero hermosas. Se escucha vuestra melodía y se ve vuestra aura de hermosura, personas hermosas, como lo hermoso de una rosa entre un apagado rosal. Sois esa manzana roja que sujeta entre sus manos huesudas y desnutridas el niño que sabe que va a morir de hambre. Sois el beso de un ser amado que se cree eterno. Sois al fin y al cabo, las razones hermosas de la hermosa esperanza.

Afligidos por lo que pensáis que ha sido vuestro destino, y tristes por las casualidades de las circunstancias y lo amargo de las consecuencias de vuestras desafortunadas decisiones. No sois más que hermosos personajes que lloráis dentro de un hermoso drama.

Podríais no olvidar, al menos, que sois hermosos, hermosas personas.

martes, 19 de octubre de 2010

Atrabiliaria difusa lucha. II

Atrabiliaria difusa lucha. (Segunda parte)

Me levanté del suelo, y me dirigí a la puerta. Allí me estaban esperando el resto de luchadores. Habían usado técnicas ocultas para prepararse, habían hecho cosas que yo no comprendía. Uno de ellos se había implantado en su cráneo una enorme hoja metálica afilada, y se disponía a investirme con ella como lo haría un rinoceronte. Otro de ellos se cambió una mano por arma de fuego que podía disparar munición infinita. Todos ellos me parecieron grotescos, y por momentos me daban pena. Atacaron, uno corriendo hacia mí como un poseso y el otro disparándome sin miramientos. No fue ningún problema para mí esquivar esos ataques. Me sobraba un pensamiento para hacer que la hoja metálica saliera volando por el techo junto con la cabeza que la sostenía, o que el otro se viera impulsado hacia abajo, destrozándose, mutilándose.

Sobre una pared había un chico pequeño. Estaba colgado con cuerdas, y un plástico negro le cubría todo el cuerpo. Aquello pretendía ser un cebo. No sé cómo querían que funcionara, pero no funcionó. El chico se movía mucho, queriendo salir de ahí, y sin querer consiguió que el plástico cubriera su rostro y sus fosas nasales, impidiéndole respirar, y así murió. Esa sería la única muerte que yo no provocara.

Una chica permanecería impasible y preocupada en una esquina.

El resto del grupo de jóvenes se abalanzó contra mí. Yo me protegía tras los parapetos de plástico, corriendo de un lado para otro, buscando tras los escondrijos a luchadores y luchadoras, y retirándolos y retirándolas del combate. Uno tras otro, todos cayeron. Todos, menos dos. Una chica impasible, y otra chica que había sido compañera mía anteriormente (a mi entender, hacía milenios) de clase de universidad.

Me acerqué a la chica que no era alta, y tenía el pelo liso, moreno y largo hasta los hombros. Le di un abrazo y pretendía darle consuelo, y ella se dejó consolar. Posé una mano sobre su rostro y la dejé allí, junto a sus ojos preocupados y enamorados. Todo era destrucción a nuestro alrededor, pero yo quería crear una burbuja de protección para que no sufriera por todo aquello. Ella era dulce, y yo le demostré dulzura. Le prometí que no le pasaría nada.

La que había sido compañera mía, alguna vez, estaba sentada cerca. Le dije que yo no quería que pasara eso, que yo quería conservar el sentimiento de bondad. “He sentido – le dije – que alguien me ha escogido para que hiciera esto, y de algún modo él lo ha hecho a través de mí. Después de todo, sólo soy humano, debería ser incapaz de aguantar esta lucha”. Ella pareció comprender que lo que yo decía era cierto.

De repente, medio edificio desapareció, destrozado bajo una mano muy poderosa. Apareció ante nosotros un monstruo de casi veinte metros, casi una esfera constituida por carne, grasa y tentáculos que le permitían desplazarse. Tenía un orificio que podría pasar por una boca, formado por algo similar a unas palas de excavadora, una sobre otra, que se abrían y cerraban como lo haría el pico de un gorrión. Sentí en él que era parte de algo mucho más grande. Era una floración de aquella criatura que azotaba al mundo. Una escama que se había desprendido y había cobrado vida propia. Se acercaba a nosotros poco a poco.

Permanecía abrazado a aquella chica. No quería desprenderme de ella, quería seguir aquí. Pensé por un momento que merecía la pena ser aplastado por esa cosa si ello conllevara no tener que separarme de ella. Tanta pereza me daba, desprenderme…

Pero me levanté, he hice que las dos chicas se movieran y fuimos corriendo hasta la puerta que había al fondo de aquel cuarto donde me puse la capa. Sonaban detrás de nosotros aquellos ruidos guturales llenos de furia. Abrimos la puerta y subimos a lo largo de tres pisos por unas escaleras, que nos llevaron a un parque superior, con sus bancos para sentarse y sus pequeños árboles plantados en macetas por la terraza. Alguna vez esto debió de ser bonito.

Había sido elegido para salvarlas, y era el responsable de acabar con la criatura que azotaba al mundo. Ahora me sentía muy perdido, pero mi intuición me guiaba, para guiarlas a ellas, hacia un lugar donde escondernos…

domingo, 17 de octubre de 2010

Atrabiliaria difusa lucha. I

El mundo estaba siendo azotado por una criatura. Podría decirse que se parecía a Godzilla, aunque en realidad no se parecía en nada. Era como una masa de seres florecientes y fluyentes de un centro ominoso. Pude verlo, una vez, a través de los rascacielos de la Gran Ciudad. Sentí que su propósito no era otro que el de la destrucción.

Algunos jóvenes habitantes de la ciudad nos vimos atraídos, por alguna fuerza superior que no conseguíamos entender, a la planta baja de un edificio. No sabía por qué, pero me vi comprometido en una lucha. Dos bandos se estaban enfrentando en una batalla que podría ser, o no, a muerte, y yo estaba dentro de uno de esos bandos. Por algún motivo, mi equipo sólo estaba formado por cuatro personas armadas con armas blancas, y el otro por alrededor de quince, armados con armas de fuego que yo pude verlas, y podría asegurar que la batalla ya estaba sentenciada. Sin embargo, un sentimiento emanaba de las mentes de todos nosotros. Un sentimiento de bondad y comprensión en el que dejábamos de luchar (por Dios, la lucha no tenía sentido) para unirnos y formar un gran grupo. Yo sentí la bondad como la sintieron todos los demás. No hacía falta hablarlo, todos lo sabíamos. 

En ese momento yo me escondía tras un parapeto de plástico, puesto ahí para que nosotros nos protegiéramos. Parecía un campo de paint-ball. No podía ser otra cosa que un campo de paint-ball con esos parapetos puestos de esa forma. Sólo que aquello no eran armas de juguete. Y sus manchas, si las produjeran, no serían de colorines, si no, que sólo serían de un sólo color, y todos sabíamos cual. Veía como dos de mis compañeros se atrincheraban más adelante con palos de madera, y aun más adelante, cinco o seis personas del equipo contrario viniendo hacia nosotros tras una gran y gruesa cortina que parecía separar la estancia en dos. Junto a mi estaba el cuarto compañero. Le miré, y él vio en mis ojos, no sé cómo, que yo había perdido aquel sentimiento de bondad que pudimos experimentar todos. Se asustó y debió augurar algo, pues dijo “no quiero estar aquí”, y diciendo eso salió corriendo y se fue, y nunca más volví a verle. Mucho mejor para él haberse ido, sí, muchísimo mejor. El sentimiento de bondad los había unido entre ellos. Pero no a mí.

Antes de que aparecieran junto a la cortina, yo escapé de allí (aunque en realidad no me hacía falta huir de nadie). Di un salto que se me antojó larguísimo y fui directamente a otro parapeto, alejado de allí, donde había otro luchador atrincherado. Con una barra de hierro no tardé ni dos segundos en destrozarle la cabeza y desparramar la mitad de él por todo el suelo. Seguidamente me acerqué a otra luchadora y le hice tres cuartos de la misma sangría. Todos estaban desprevenidos pues aun conservaban la bondad. Nadie esperaba que yo actuara así. Atacando a quien se pusiera en medio, de este modo, pude llegar a la otra parte de la gran sala, donde había una habitación al fondo con una puerta para entrar, y otra puerta que era una salida de emergencia del edificio. Ahora todos me miraban con ojos de odio, con ojos de “¿Qué haces? ¿Qué has hecho con el sentimiento de bondad?”

Cerca de la puerta de entrada a esa habitación, había una mesa de escritorio que podría ser la de cualquier oficina. Allí estaba una chica con el pelo moreno liso hasta los hombros, no era alta, y permanecía sentada. Le miré a los ojos y pude ver que había algo distinto en ellos. Podrían ser como unos ojos cualesquiera, como el resto de ojos del resto de seres humanos que había en esa sala en ese momento, pero en realidad era como ver un punto rojo mezclado entre cientos de puntos blancos. Sus ojos no tenían odio, ni miedo hacia mí. Tenían preocupación, pues albergaba algo en ella que no quería perder, un sentimiento de cariño. Diría que había amor en ellos. Pedía a gritos que esto acabara.

Me acerqué a la puerta, y sobre una mesa había una capa negra. Entré en el cuarto, y me la puse. Sentí por un momento que yo había sido seleccionado para un fin desconocido. Sentí que yo era el “verdadero ser negro”, la verdadera maldad, y no todos esos villanos de las historias. Yo era el “ideal” de maldad. Me dirigí a una esquina oscura del cuarto y me senté, ocultándome con la capa.

 Esperé unos minutos, y sentí algo de miedo, pues tal vez ellos vendrían a por mí. Pero yo sabía que ellos estaban esperando a que yo saliera. Se estaban preparando para una lucha contra mí… 
...continuará.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Palabrillas

Busqué algunas palabras bonitas en internet, y encontré estas en un portal:


Yakamoz: Es turca, y significa "El reflejo de la luna sobre el agua" además de "microorganismos capaces de formarse debajo del agua muy particulares y exclusivos del estrecho de Bósforo". 


Oppholdsvaer: No sé como se pronuncia, pero me gustó verla escrita, y me llamó la atención su significado "La luz del día después de la lluvia". Es noruega.


Cellar door: La más hermosa en inglés, al menos según la película "Donnie Darko". Significa "puerta al sótano".


Amor: La votaron decenas de miles de hispanohablantes como la más bonita en español. Al menos estoy seguro de que el 90% de las personas piensan en esa palabra antes que en ninguna otra.




Ahora algunas que yo propongo.


Dintel: Me suena bien. Además significa algo que resiste, pero que necesita la ayuda de las jambas para funcionar.


Alcachofa: Divertida como ella misma, XD


Capullo: Un insulto amistoso que fluye en mis labios como la seda.


Quásar: Una de las palabras más interesantes que aprendí leyendo libros de astronomía. 


Ubi sunt: Las cosas que poseemos no nos sirven más allá de la muerte. 

lunes, 27 de septiembre de 2010

Ben

[...] Se trataba de una sensación solitaria, algo melancólica. Estaba fuera; pasaba en alas del viento, sin que la gente protegida tras sus ventanas iluminadas lo viera. Los otros estaban dentro, dentro de la luz y el calor. No sabían que él había pasado. Sólo él lo sabía. Era un secreto.
[...]

                                             It (Eso) - Stephen King

lunes, 30 de agosto de 2010

Este mismo, parece cortito.

    ¿Qué libro cogeré esta noche para leer? A ver… Este mismo, parece cortito.

Érase una vez, una niña pequeña que siempre llevaba puesto al salir de su casa una capa roja con capucha. “No te olvides tu capa hija, no quiero que te resfríes”, le decía siempre su madre. Por eso, todos en el pueblo la llamaban “Caperucita Roja”.

      Este cuento me suena.

Una día, su madre le pidió a Caperucita Roja que llevara una cesta con comida a su abuela, que vivía en una pequeña casa en las afueras del pueblo. Para llegar hasta allí, la niña tenía que recorrer un camino que rodeaba un bosque bastante denso y peligroso…
…Para llegar hasta allí… un camino que rodeaba un bosque bastante denso y peligroso. Cogió la cesta que le dio su madre, se puso su capa, y salió fuera de casa, no sin antes escuchar un sabio consejo de su madre: “No se te ocurra salir del camino para llegar antes a casa de tu abuela, que sabes que el bosque es peligroso”.

     Deja a la niña divertirse un poco.

…que sabes que el bosque es peligroso”. Así, Caperucita tomó el camino como le había dicho su madre.
…tomó el camino como le había dicho su madre…
…como le había dicho su madre. Pero, poco después, decidió salirse del camino para atajar por el bosque, ya que así llegaría mucho antes a casa de su abuela.
El bosque estaba oscuro, pero eso a Caperucica,… Caperucita, no le importaba. De repente, oyó unas ramas romperse bajo unas patas pesadas.
 “¿Quién hay ahí?” Dijo Caperucita. Y con un gran salto, un enorme lobo de pelo negro aterrizó en medio del sendero por donde iba tan tranquilamente la niña…
…un enorme lobo de pelo negro… aterrizó
…un enorme lobo de pelo negro aterrizó en medio del sendero por donde… iba tan tranquilamente… por donde iba tan tranquilamente… la niña… por donde iba…

     Mejor lo dejo para mañana.
Buenas noches.

domingo, 29 de agosto de 2010

mirando arriba

De repente miré por la ventana, y como si nada, tomé todos mis trastos y el trípode con sus ejes y los coloqué en posición de observar. Sin pensarlo dos veces, cogí mi lente de 4 mm y la coloqué en su soporte. La inclinación del telescopio, los tornillos que sostienen las lentes, y las manivelas (rugientes por la falta de uso y de aceite), todo eso, tomaba su posición correcta bajo mis manos como despertando de un letargo, una afición dormida que renacía de la nada, pero que nunca se olvida.
Miré por la mirilla y me di cuenta, a mi pesar, de que estaba rota, y de que no podría mirar nada a través de ella por mucho que girara el tornillo de posicionamiento. Sabiendo de sobra que no conseguiría enfocar aquel pequeño punto con la lente de 4 mm sin la ayuda de la mirilla, la cambie en dos segundos por la lente de 20 mm. Dos movimientos arriba y abajo, y conseguí verla a través del tubo. Podía verla más grande, pero, como bien sabía, no era suficiente para mi. Antes de que el movimiento de la tierra la hiciera desaparecer de mi pequeña ventana para mirar, cambie de nuevo a mi lente de 4 mm. Miré, y sólo había un borrón. Giré la rueda para enfocar, y allí estaba.
Mi venus.
Como una enana luna menguante. Aunque yo sabía que en realidad estaba en fase creciente, pero mi telescopio es así, le da de vueltas a todo.
Así pues, venus se encontraba cientos de veces más cerca, entendiendo así que no era simplemente otro punto más de luz allí arriba. Hacía tanto tiempo que no sentía esto... Pude parecer un poco tonto, observando aquel enano objeto descender por el horizonte.

sábado, 14 de agosto de 2010

de los buenos...

Dejando de lado aquella abstracción de ideas que hacían de un punto de luz una maraña nubosa de ideas infinitesimales, para centrarme en la simplificación que cada persona individual hacemos, es decir, la dualidad, y motivado por "La carretera" y "Qué bello es vivir", libro y película correlativamente,
    decidí ...
      ... aunque ello supusiera creerme parcialmente arrogante por dar cierta mi dualidad.
      ... imaginando que veía mi vida desde fuera, como un libro, o una película.
    decidí ...
      ... teniendo en cuenta que cada momento se repite una otra y vez en la eternidad.
      ... pretendiendo crear a mi alrededor un aura de bienestar.
    decidí ...
      ... con cordura o sin ella, como un patoso o una potencia de las finanzas.
      ... con lástima, con muerte y con lo que fuera, pero siempre con bondad.
    decidí ...
      ... aunque ello supiera la negación de realizar mis deseos.
      ... aunque a mi alrededor se desate el miedo, el odio y la absoluta destrucción de todo.
    decidí ...
      ... aunque sepa que jamás recibiré nada a cambio.
      ... aunque me sienta perdido y solo.
    así pues, decidí...
...que yo siempre sería de los buenos.
Quiero una maleta así de grande!!!!
-Tienes que hablarme.
-Vale.
-[...]Mi deber es cuidar de ti. Mataré a cualquiera que te ponga la mano encima. ¿Lo entiendes?
-Sí.
         Se quedó allí sentado con la manta por capucha. Al cabo de un rato levantó la vista:
-¿Todavía somos los buenos?,-dijo.
-Sí. Todavía somos los buenos.
-Y lo seremos siempre.
-Sí. Siempre.
-Vale.