Si hubiera abierto los ojos... habría visto...
...notaba como esa chica se iba acercando hacia mí. No podría decir que supiera que se acercaba porque diera un paso detrás del otro acortando distancias, como se suele hacer. No podría decir eso pues así no ocurría, pero ese suceso ocurría, con explicación o sin ella. Y esa chica era hermosa, pero no porque tuviera un cuerpo bonito, pues no pude percibir cómo era su cuerpo. Era hermosa porque yo tenía una intuición de que lo era. Pero pude ver sus ojos, de cierta manera en que, sí, podría asegurar que eran hermosos.
...si los hubiera abierto... pero no lo hice...
...de ellos sí me acuerdo. Me acuerdo como si los hubiera visto. Perfilados con pestañas oscuras que hacían que los colores -colores- de su iris subieran muchos puntos el contraste. Cuando fui a rozarle la mejilla había tanta bondad y hermosura en esos ojos como la hay en el mundo entero. Corría por un bosque muy oscuro, y aquellos ojos eran un recuerdo. Los árboles subían esqueléticos, desprendidas sus hojas que ahora alfombraban el suelo. Hacía mucho rato que corría delante de alguien. No sabía quién era ni qué aspecto tenía, pero sí sabía, lo sabía muy bien, que quería hacerme daño. Pero yo no sabía por qué, ni sabía qué tipo de daño pretendía hacerme.
...permanecieron cerrados... el tiempo que ellos desearon...
...mis piernas se movían de una forma muy extraña, como si estuvieran sumergidas bajo el agua. Tenía la sensación de haber estado mucho rato pensando que en cualquier momento me cogería. Estaba recostado en el claro del bosque de pinos. Las estrellas brillaban, tanto, como lunas. No hacían sombras, pero quedaban registradas en mi retina como joyas que eran. Una galaxia cruzaba el cenit, construyendo en aquella visión un acorde mayor hace tiempo esperado, un reposo infinito, la sensación de "ya está", de que todo terminaba, la vuelta a casa.
...Si los hubiera abierto, habría visto centellear en el aire sin que nada las sujetara unas luces misteriosas y caprichosas. Una ventana abierta permitía la entrada de un único rayo de luz. Era la luz de la tarde que atravesaba la habitación casi horizontalmente, y se proyectaba en el suelo. Si hubiera abierto los ojos, y levantado la vista, habría visto cientos de motas de polvo suspendidas en el aire, que, alumbradas por un rayo de sol, aparentaban centellas. Aquello era bonito. Pero mis ojos sabían muy bien lo que hacían. Aquello era bonito, sí, pero lo que había detrás de esos párpados era hermoso.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Me encanta como escribes... Trasmites muchísimo.
Éste escrito me ha encantado. Deberías de acercarte a esos ojos, no creo que te fueran a hacer daño.
silvia.
Publicar un comentario